Nicolás Lizama
Buen día, mis húmedos y nunca bien ponderados sancaralampiños…
Ahí les va el saldo de la refriega…
-Varias decenas de sancaralampiños que por primera en la historia supieron lo que es una granada lacrimógena (se enteraron que ni lavándose con el mejor fab existente en el mercado se quitan los efectos).
-La SESP sin un peso en caja, o sea en completa bancarrota (todo se fue en adquirir las 50 granadas que se reventaron. No había para más) Ya no quedó ni para el desayuno de los lunes entre los meros jefazos (ni pál sandwichito de Juan Pedro)
-Danny por fin supo que tan duro tiene el «coco» (una docena de toletazos en el cráneo no es cualquier baba de perico).
-Un edificio legislativo estrenando concepto: ya no es considerado la casa del pueblo, sino el sitio (muro de los lamentos) a donde los sancaralampiños enojados pueden ir y utilizarlo como mingitorio.
-Y el prestigio -!Ay, el prestigio!-, de los señores diputados, bueno, lo poco que les quedaba, diluyéndose en las oscuras aguas de la bahía.
-Cientos de sancaralampiños tomando por asalto las redes sociales para pedir la decapitación ipso facto de los más altos servidores públicos de toda la comarca (a estas alturas todos están estigmatizados. El chiste no es encontrar a uno más o menos bueno, sino al menos tramposo de toda la camada)
-Varios reporteros que ahora sí ya pueden considerarse como veteranos de guerra (al menos una pedrada pasó zumbándoles la oreja).
-Un hígado hecho trizas: el de Pedro Flota (por la bilis, ?he?)
-Y lo mejor de todo es que los nuevos diputados se están dando cuenta de que ya nada de transar en lo oscurito, puesto que miles de ojos los observaran.
Hecho el parte de guerra.
Es cuánto.
Asiéntese en actas, Sir Bernardino de los Nopales.





















