La interrogante que Roberto Borge Angulo levantó cuando asumió la gubernatura, por su corta edad (31 años), la cortó de tajo y en cuatro años de gobierno ha superado las vicisitudes financieras, sociales y de desarrollo que se presentaron en el Estado, pero sobre todo, lo más sobresaliente, es que mantiene el control político de Quintana Roo como en su momento lo hizo el ex gobernador, Mario Ernesto Villanueva Madrid.
Cuando mucha gente se preguntaba a principios del 2011 cuál sería la estrategia que utilizaría Betoborge para superar el populismo de su antecesor, Félix González Canto, este se apegó al sagrado “librito” de trabajar, trabajar y trabajar, y cuyos resultados están ahora a la vista.
En los próximos días Betoborge rendirá su IV informe de labores, el penúltimo de su administración, dónde dará a conocer los pormenores realizados, obviamente, con varias acciones sobresalientes para el desarrollo económico y social de Quintana Roo.
Independiente de los logros que exponga, Betoborge llega a su último año de gestión con el control político de Quintana Roo, que únicamente lo había tenido el ex mandatario Villanueva Madrid.
Contra todos los pronósticos de grupos políticos, incluidos al interior del PRI como de los partidos de oposición, Beto Borge ha tejido bien la política, a tal grado de ganar las dos elecciones que ha disputado -la local del 2013 donde ganó las 10 presidencias municipales y 14 de las 15 diputaciones, y la federal, donde logró que el PRI y el Verde obtuvieron los tres escaños en el Cámara de Diputados.
Estas acciones permitieron a Beto Borge mantener el control político de Quintana Roo, ganarse el respeto de los grupos locales internos del PRI, pero sobre todo, ganarse la confianza del CEN del PRI y de la Presidencia de la República.
Además, el mandatario estatal se esmeró en crear un grupo político de quintanarroenses donde converge la “vieja guardia” y la “nueva generación” de priistas, de donde saldrá el próximo candidato del tricolor a la gubernatura.
Quizá no sea del agrado de los politólogos y “buitres” de la oposición que a menos de seis meses de iniciar el proceso electoral y a un año del relevo constitucional, que Beto Borge continúe promoviendo a varios candidatos para relevar, porque eso no les permite, a los primeros, brindar “asesorías” y a los otros, “invitarlos” como sus candidatos.
La juventud de Beto Borge no ha sido impedimento para jugar “ofensivamente” el ajedrez político, al contrario, utiliza esa adrenalina para seguir cimentando un proyecto de gobierno transexenal, sentando los pilares para marcar una época política en Quintana Roo.
Mientras el tiempo sigue su inevitable curso, Beto Borge continúa impulsando a su “cuadrilla” de seis aspirantes, lo cual permite, por una parte, que los quintanarroenses los conozcan a plenitud y por otra, quizá la más importante, mantener la unidad, la cual hoy en día, es difícil de lograr.
Lejos del desorientado pragmatismo que tuvo parte de la sociedad y grupos políticos al inicio de la administración de Beto Borge, al Gobernador hay que reconocerle que salió “más cabrón que bonito”, que en su momento utilizó la teoría de la sumisión, pero que en la práctica aplicó una estrategia propia y directa: trabajo, trabajo y más trabajo.
Hoy en día Betoborge cosecha buenos dividendos, frutos que varios de los seis ex gobernadores hubieran querido hacer en el ocaso de su mandato.




















