Por Victoria Castro Chávez
BACALAR, Quintana Roo.— La Laguna de Bacalar, uno de los ecosistemas más importantes de México por su riqueza ambiental y atractivo turístico, continúa enfrentando problemas relacionados con contaminación, crecimiento urbano desordenado e invasiones en zonas sensibles, sin que hasta ahora exista una estrategia integral que logre resolver las afectaciones acumuladas durante los últimos años.
Diversos reportes de autoridades ambientales, organismos científicos y organizaciones civiles han documentado desde hace casi una década una serie de anomalías que ponen en riesgo el equilibrio ecológico del sistema lagunar conocido internacionalmente como la Laguna de los Siete Colores.
Entre las principales problemáticas destaca la descarga de aguas residuales y la insuficiente infraestructura sanitaria en comunidades y zonas urbanas cercanas al cuerpo de agua. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha advertido en distintas ocasiones sobre la necesidad de fortalecer el ordenamiento ecológico y mejorar los mecanismos de control para evitar la contaminación del sistema lagunar.
Especialistas señalan que la falta de cobertura total de alcantarillado obliga a numerosas viviendas a utilizar fosas sépticas, cuyos residuos pueden filtrarse al subsuelo y eventualmente llegar a la laguna a través del sistema kárstico que caracteriza a la región.
A esta situación se suma el crecimiento de desarrollos habitacionales y proyectos inmobiliarios que, según inspecciones federales realizadas en años recientes, han operado sin contar con todas las autorizaciones ambientales requeridas. Algunas obras incluso fueron objeto de clausuras temporales por incumplimientos a la normatividad vigente.
Otro foco de preocupación es la posible infiltración de lixiviados provenientes de tiraderos y basureros, los cuales representan un riesgo potencial para el acuífero que alimenta el sistema lagunar.
Investigaciones académicas también han identificado la presencia de nutrientes en exceso, proliferación de algas y crecimiento de lirio acuático en determinadas zonas, fenómenos asociados a procesos de eutrofización que afectan la transparencia y calidad del agua.
Asimismo, organizaciones ambientales han denunciado ocupaciones irregulares y construcciones en áreas cercanas a la zona federal lagunar, situación que ha provocado pérdida de vegetación ribereña y reducción de espacios naturales que funcionan como barreras de protección para el ecosistema.
Aunque desde 2015 autoridades federales han emitido recomendaciones orientadas a mejorar el ordenamiento territorial, fortalecer la infraestructura sanitaria y controlar el crecimiento urbano, diversos sectores consideran que los avances han sido insuficientes frente a la magnitud de los problemas.
Para ambientalistas y especialistas, la conservación de la Laguna de Bacalar requiere una estrategia coordinada entre los tres órdenes de gobierno, así como acciones permanentes que permitan proteger uno de los principales patrimonios naturales de Quintana Roo frente a las presiones del crecimiento urbano y turístico.






















