La carrera por Othón P. Blanco enfrenta a antiguos aliados, diputados y exfuncionarios. Los antecedentes judiciales de Luis Gamero, los vínculos partidistas de David Hernández y la competencia entre figuras cercanas al poder estatal abren interrogantes sobre cómo se decidirá la coordinación municipal.
Chetumal, Quintana Roo.— La sucesión por Othón P. Blanco comenzó a tomar forma dentro de Morena y, con ella, quedaron al descubierto las diferencias entre dirigentes, legisladores y exfuncionarios que buscan posicionarse rumbo a las elecciones de 2027.
El cierre de registros para la Coordinación Municipal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional dejó al menos siete aspirantes identificados públicamente: Luis Gamero Barranco, Elda María Xix Euán, Nabil Eljure Terrazas, Alejandro Alamilla Villanueva, Saulo Aguilar Bernés, David Hernández Solís y Luz Gabriela Mora Castillo.
Algunos recuentos incorporan un octavo nombre, por lo que la relación definitiva deberá ser confirmada por la Comisión Nacional de Elecciones.
Detrás de los registros aparecen movimientos que comenzaron meses antes y que ahora adquieren una dimensión distinta.
Uno de ellos involucra a Luis Gamero, Nabil Eljure y Alejandro Alamilla, quienes en marzo anunciaron una alianza política para privilegiar un proyecto común. Siete meses después, los tres figuran en la competencia por la misma coordinación.
La coincidencia no acredita una ruptura definitiva, pero sí plantea dudas sobre la permanencia de aquel acuerdo y sobre la posibilidad de que sus aspiraciones terminen enfrentándose.
En el caso de Gamero, la disputa también estará marcada por sus antecedentes judiciales.
El exsecretario general del Ayuntamiento fue sancionado por violencia política contra las mujeres en razón de género, a raíz de hechos relacionados con Yensunni Martínez Hernández durante el proceso electoral de 2021.
Aunque en octubre se informó que su nombre fue retirado del registro nacional de personas sancionadas tras concluir el plazo correspondiente, el antecedente judicial permanece como un elemento de escrutinio público.
Otro de los participantes es David Hernández Solís, quien renunció a la Secretaría de Organización de Morena para incorporarse a la contienda.
Su participación merece atención por los vínculos familiares que distintas publicaciones le atribuyen con figuras de la dirigencia estatal del partido. La existencia de esas relaciones no implica una irregularidad, pero vuelve relevante conocer las medidas de imparcialidad que aplicará Morena en la evaluación de los aspirantes.
Por su parte, Elda Xix Euán regresó a su actividad legislativa federal y formalizó su registro acompañada de representantes comunitarios y simpatizantes, mientras que Saulo Aguilar Bernés ha destacado su trayectoria partidista y el trabajo territorial realizado junto con Eugenio Segura.
Nabil Eljure y Alejandro Alamilla también dejaron posiciones dentro de la administración pública para participar en el proceso, lo que refleja la importancia política que los distintos grupos atribuyen a la capital del estado.
Sin embargo, todavía no existe información pública suficiente para establecer quién cuenta con el respaldo de Gino Segura, Rafael Marín u otros liderazgos, ni para determinar quién encabeza las preferencias ciudadanas.
La decisión final dependerá de los mecanismos que aplique la Comisión Nacional de Elecciones, así como de los criterios de paridad, elegibilidad y evaluación establecidos por Morena.
En Othón P. Blanco, la disputa no solamente definirá quién coordinará los trabajos políticos del partido.
También permitirá conocer si los grupos que hoy compiten podrán construir acuerdos o si la selección abrirá una nueva etapa de confrontaciones internas.
La pregunta ya no es quién quiere gobernar Chetumal. La pregunta es quién logrará reunir el respaldo suficiente para que Morena le permita encabezar su proyecto político en 2027.



