Nicolás Lizama
Josè Jaime Cárdenas Hermosillo es un optimista hasta la médula.
Lo operan este martes de un defectillo que tiene en la cabeza y lo veo más tranquilo que un petrolero a punto de pasar a la caja por su quincena.
Mis respetos para Pepe. Mejor compañero de cuarto no pude haber tenido.
Se ve curioso con su bata de hospital caminando por todos los pasillos.
Ayer se puso una especie de chamarra negra encima de la bata blanca y parecía todo un sacerdote. No faltó alguno que se acercara y casi se le postrara solicitando la bendición respectiva.
No se atornilla en su cama. Tiene un gusanito en alguna parte que le cosquillea y le impide estar postrado. Las enfermeras llegan, preguntan por él y allà van tras su pista.
Cuando lo encuentran casi se lo traen de la oreja.
Se acuesta tantito. Hace como que dormita. Hasta sé oyen sus ronquidos. De pronto escucho que se levanta, cruza enfrente de mi cama, me saluda y sale de nuevo al pasillo a platicar con el primero que se encuentre en el camino.
Es de buen apetito mi vecino. A la hora de la comida nada más escucho como la cuchara, ruidosa, recorre todo el fondo de la taza, mientras de su garganta se oye un muy bien acompasado !chompa, chomp, chomp!
Este domingo le llegó visita. Su otra media costilla, al igual que él, es una chulada de persona.
Es originario de Ciudad Juárez y por primera vez lo veo algo entristecido. Le dijeron que su paisano Juan Gabriel ya navega en otros confines y eso como que le ha llegado.
Es todo gentileza este personaje. Siempre me está preguntando qué necesito o en qué puede ayudarme, detalle que yo le aprecio en todo lo que vale
Nos echamos porras ambos. Utilizamos cualquier gesto, cualquier señal que tenga algo que ver con la victoria. Y funciona. Esas cosas tienen un gran valor emocional en las personas.
Sabemos que estamos de paso en este sitio, que en cualquier rato regresamos a nuestro girón de patria y por lo tanto aprovechamos para compartir lo primero que se nos viene a la memoria.
Bien por Pepe. Es todo un chinguetas mi vecino.
Ya lo tengo en alto aprecio. La actitud con la que navega en esta vida es merecedora del más prolongado de todos los abrazos.





















