De cara a la renovación de la dirigencia estatal del Partido Acción Nacional (PAN), las redes de corrupción tejidas por Eduardo Martínez Arcila van cobrando una factura muy cara a este instituto político, pero sobre todo a una militancia que ve con desprecio como en tan sólo tres años se han perdido importantes espacios dentro del plano político quintanarroense.
Todo esto ha sido a cambio del beneficio personal y de grupo de Martínez Arcilla, quien en contubernio con el clan conformado por René Cicero, Fernando Celaya Espinosa y Mayuli Simón, han maniatado el reparto de candidaturas para mantener el poder al interior del albiazul, y para llevarlo hasta donde se encuentra hoy: por los suelos.
Y la pasada reunión sostenida por dirigentes panistas en la Ciudad de México, fue una clara muestra del hartazgo de la militancia y de los líderes de este partido en Quintana Roo, ya que por presiones de éstos se acordó renovar la dirigencia estatal, que incluye la no reelección de Eduardo Martínez Arcila, tras los malos resultados en las elecciones locales y la estrepitosa caída en la reciente elección a diputados federales.
Es decir, a Martínez Arcilla y camarilla, les salió el tiro por la culata, púes aunque llevaban ya un escenario preparado a modo para proponer su reelección, la postura de los demás dirigentes giró en torno al enfado y el desprecio que le tienen por ser lo que es.
El aun dirigente panista quiso no sólo “jugarle el culo” –como asegura nuestra fuente anónima- al Secretario General Adjunto del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, Fernando Álvarez Monje, sino incluso pretendía que quienes integraron la comisión quintanarroense firmaran un oficio en torno a la unidad para su reelección, pero le falló la coartada, pues a excepción de sus compinches, todos le dieron la espalda dejándolo solo en la reunión.
De buena fuente sabemos que Mario Félix Rivero Leal, Sergio Bolio Rosado, Trinidad García Arguelles, Alicia Ricalde Magaña, Joel Espinosa Moreno y Jessica Chávez; optaron por retirarse a mitad de la reunión en la que se acordó como primer punto integrar una planilla de unidad con nuevo dirigente y nueva estructura dentro del partido, lo cual no deja otra opción al nefasto líder estatal que la vía de la corrupción y el tráfico de influencias para reelegirse, como se presume actuará.
Lo cuestionable para los panistas, es que todo este espectáculo que Eduardo Martínez montó y bailo en el centro de país con su llamado “A seguir buscando el mecanismo que garantice la unidad del partido, ese es el mensaje que nos ha dado la militancia, tenemos que buscar la unidad”; es tan sólo otra de sus acostumbradas pantomimas.
Todos y cada uno de los que integran este instituto político en Quintana Roo, conocen muy bien la estatura política de quien dirige al PAN en el estado, que carece de las capacidades de hacer dicho llamado, porque su trabajo ha sido el promover el divisionismo, y llevar a la desgracia al partido.
¿Cómo puede entonces hablar de consensos, de tomar en cuenta las propuestas si él mismo ha procurado callar y obstaculizar los voces que van en contra de sus nefastos y deplorables intereses?
En su discurso dijo: “Hay dos propuestas sobre la mesa para enfrentar con éxito nuestro proceso interno de renovación de la dirigencia. Una sería la planilla de unidad, es decir, solo una planilla del consenso y que sea ratificada por la militancia; y la otra sería, una planilla común con diferentes candidatos a encabezarlas”, pero en la realidad su postura es de cerrazón con la mirada puesta en la reelección.
¿Es esta la pantomima montada por Eduardo Martínez Arcila para mantener la dirigencia estatal del PAN en Quintana Roo?
“Es triste ver como el pretencioso imperio de un tumor impide curar el cáncer que hoy carcome al Acción Nacional, si hay que tocar fondo lo haremos, pero vamos a recomponer al partido para recuperar los espacios que se han perdido por culpa de Eduardo Martínez Arcila”, es la voz que se escucha de la militancia, es la voz que se escucha de aquellos líderes que pretenden hacer renacer el panismo quintanarroense.
Ahora bien, otras figuras han levantado la mano para ir en busca de la dirigencia, pero pensar que esta quedase en manos del cuestionado y controvertido chetumaleño Mario Rivero Leal, es condenar al partido a que le sigan “chupando la sangre”, y a plena luz.






















