Nicolás Lizama
Hasta hoy sábado me enteré que han comenzado las olimpiadas.
El triunfo de Joselito Vázquez, boxeador emanado de aquí del patio, fue el motivo de que me enterara.
La brutal promoción que de este evento hacían Televisa y Televisión Azteca esta vez ha brillado por su ausencia.
¿Qué provocó que esta vez ambas corporaciones no se hincharan de billetes como cada cuatro años?
Me cuentan -no me crean-, que Carlos Slim, ese tipo en cuya cuenta bancaria ingresan los millones de dólares que usted quiera imaginarse (lo más seguro es que tanto yo, como usted que me lee, contribuyamos para incrementar día con día su fortuna), les hizo la travesura adquiriendo los derechos y luego los transfirió a los que le dio su regalada gana menos a los dos emporios televisivos.
Hizo bien. A esos tipos altivos que piensan que todo lo pueden, de vez en cuando hay que moverles el tabique en el que están parados.
Lo que hizo Slim fue una bofetada para el ego de esa gente. Les restregó en su cara que aunque tienen mucho dinero, siempre habrá otro con más billetes que les haga ver su suerte.
El problema que a mi como espectador se me presenta, es la narración de los distintos deportes que el evento engloba. Lo que sea de cada quien, tanto Televisa como TV Azteca cuentan con lo mejor en ese aspecto. Tienen especialistas que convierten en delicia el que se te apachurren las nalgas por estar sentado varias horas frente a la alguna vez llamada caja idiota.
Aparte de allí no tengo nada que lamentar por la ausencia de esas dos empresas.
Bien por el tal Slim. Bien por Joselito.





















