Nicolás Lizama
La gente ya está hasta el copete de los ladrones.
Han proliferado como las cucarachas y los ratones. Están por todos lados y lo mismo le roban a los ricos que a los no tan ricos.
Ya no son tan selectivos como antes, cuando los ricachos eran el manjar que los atraía.
Ahora barren parejo. Ahora les da lo mismo arrasar con lo que hay en el interior de una mansión que con lo que hay en una vivienda de mediano pelo.
Quienes han recibido la visita de estos «bichos» saben lo terrible que es llegar a casa y toparse con que ya barrieron con lo más valioso que tienes en tu casa.
Y lo más trágico: saber que es inútil ir ante la autoridad correspondiente a interponer tu denuncia.
Nunca atrapan a los responsables. Y en el remotísimo caso de que las autoridades den pie con bola, jamás se recupera el botín que se llevaron.
No hay peor cosa en esta vida que sentirte a la deriva, indefenso, totalmente vulnerable.
Es horrible sentir que tus bienes, lo poco que tienes, en cualquier momento puede terminar en manos extrañas. En manos de tipejos cuyo «trabajo» es despojar a los demás de sus propiedades.
Y más horrible es saber de la total impunidad con que se mueven.




















