Por Victoria Castro Chávez
BACALAR.— Mientras hoteles boutique, desarrollos inmobiliarios y proyectos ligados al Tren Maya transforman la imagen turística de Bacalar, decenas de comunidades rurales e indígenas continúan sobreviviendo entre carencias educativas, inseguridad alimentaria y abandono institucional que el propio Gobierno de Quintana Roo reconoce como severo.
La contradicción quedó evidenciada en la actualización del Plan Estatal de Desarrollo 2023-2027, donde Bacalar aparece señalado como uno de los municipios con mayores rezagos sociales del estado, pese al discurso oficial que lo vende como símbolo del crecimiento económico y éxito turístico del sur de Quintana Roo.
Detrás de las fotografías de la Laguna de los Siete Colores y la promoción turística internacional, persiste una realidad muy distinta en localidades alejadas de la cabecera municipal, donde niñas y niños siguen enfrentando dificultades para acceder a educación, alimentación y servicios básicos.
El documento oficial reconoce altos niveles de rezago educativo en comunidades indígenas y rurales, donde muchas familias viven en condiciones de pobreza y dependen de actividades agrícolas de subsistencia o empleos temporales mal pagados vinculados al turismo.
Mientras millones de pesos fluyen hacia infraestructura turística, urbanización y proyectos asociados al Tren Maya, todavía existen estudiantes que recorren largas distancias para llegar a escuelas con carencias de mobiliario, internet y hasta servicios básicos.
La situación exhibe el enorme contraste social que atraviesa Bacalar: un destino turístico en expansión donde los beneficios económicos parecen concentrarse en zonas específicas mientras comunidades enteras permanecen fuera del desarrollo prometido.
Aunque el presidente municipal José Alfredo Contreras Méndez mantiene un discurso centrado en crecimiento, inversión y promoción turística, el propio diagnóstico estatal reconoce problemas graves de inseguridad alimentaria y pobreza en comunidades indígenas del municipio.
En varias localidades, familias enfrentan dificultades para acceder de manera regular a alimentos nutritivos, mientras los apoyos sociales y programas gubernamentales siguen siendo insuficientes frente al tamaño de las necesidades.
Organizaciones comunitarias y habitantes sostienen que el “boom” turístico no ha significado mejoras reales para gran parte de la población rural, donde continúan los rezagos históricos en educación, servicios públicos y oportunidades económicas.
La paradoja de Bacalar resume uno de los principales problemas de Quintana Roo: municipios que generan millones de pesos por turismo, pero que mantienen profundas desigualdades sociales invisibles detrás de la imagen turística vendida al exterior.
Hoy, mientras Bacalar aparece en campañas internacionales como un paraíso natural en crecimiento, cientos de familias en sus comunidades rurales siguen esperando algo mucho más básico: escuelas dignas, comida suficiente y oportunidades reales para salir de la pobreza.






















