Tulum, Quintana Roo.— Restos fósiles humanos localizados en un cenote del sistema subterráneo Sac Actun, en el municipio de Tulum, fueron trasladados a la Ciudad de México para someterlos a estudios especializados de antropología física que permitan profundizar en el conocimiento de los primeros pobladores de la región.
El hallazgo incluye un esqueleto parcial masculino y un cráneo femenino, recuperados a finales de 2025 en distintas áreas del complejo de cuevas, considerado uno de los sistemas subterráneos más extensos de la península de Yucatán.
Restos con miles de años de antigüedad
De acuerdo con datos preliminares, el individuo masculino tenía entre 20 y 25 años al momento de su muerte, con una estatura aproximada de 1.45 a 1.50 metros. Del cuerpo se logró recuperar cerca del 40 por ciento del esqueleto, incluyendo fragmentos del cráneo y huesos largos que serán analizados mediante estudios osteológicos.
En el mismo sistema se localizó el cráneo de una mujer de entre 35 y 45 años, en el que se identificaron indicios de mala alimentación y pérdida de piezas dentales, aspectos que serán evaluados con mayor profundidad en laboratorio.
Análisis en laboratorio especializado
Los restos fueron embalados en condiciones controladas para evitar su deterioro y trasladados a laboratorios en la capital del país, donde especialistas aplicarán técnicas bioarqueológicas, osteométricas y comparativas para determinar características biológicas, contexto de vida y posibles causas de muerte.
Posible uso funerario del cenote
Las condiciones del hallazgo, que incluyen restos de carbón y evidencia de actividad humana, han llevado a los investigadores a considerar que la cueva pudo haber sido utilizada como refugio o espacio funerario por antiguas comunidades.
Se estima que los restos podrían tener una antigüedad de entre ocho mil y diez mil años, correspondiente a un periodo en el que el nivel del mar era más bajo y la región presentaba condiciones ambientales distintas a las actuales.
Claves para entender el poblamiento temprano
El estudio de estos fósiles podría aportar información relevante sobre las prácticas funerarias, la salud, la alimentación y los patrones de asentamiento de los primeros grupos humanos en la península de Yucatán, contribuyendo a la investigación sobre el poblamiento temprano del continente americano.























