A cinco décadas de su fundación, el plantel de Juan Sarabia enfrenta contrastes en su matrícula y preguntas sobre deserción, eficiencia terminal y oportunidades de empleo para sus profesionistas.
Por Victoria Castro Chávez
Chetumal, Quintana Roo.— Después de cinco décadas formando profesionistas, el Instituto Tecnológico de la Zona Maya tiene motivos para celebrar su historia, pero también preguntas que responder sobre su presente.
¿Cuántos jóvenes ingresan y terminan sus estudios? ¿Por qué algunas ingenierías apenas reúnen unas decenas de alumnos? ¿Cuántos egresados consiguen empleo en su profesión? ¿Qué beneficios concretos ha recibido Quintana Roo de los miles de profesionistas formados con recursos públicos?
Son interrogantes que cobran relevancia frente a las estadísticas de matrícula del ciclo escolar 2024-2025, en las que aparecen diferencias importantes entre los programas académicos de la institución ubicada en Juan Sarabia, municipio de Othón P. Blanco.
De acuerdo con el Prontuario Estadístico de la Asociación Nacional de Facultades y Escuelas de Ingeniería (ANFEI), elaborado con información del cuestionario de la Secretaría de Educación Pública, Ingeniería en Agronomía concentraba 290 estudiantes, mientras que Ingeniería Industrial registraba apenas 14.
La diferencia es considerable y obliga a revisar la demanda de las carreras, las estrategias de captación de alumnos y su vinculación con las oportunidades laborales de la región.
Ingeniería Industrial, con apenas 14 estudiantes
Los datos del ciclo 2024-2025 muestran una distribución desigual de la matrícula en las ingenierías analizadas.
| Programa académico | Estudiantes |
|---|---|
| Ingeniería en Agronomía | 290 |
| Ingeniería en Gestión Empresarial | 124 |
| Ingeniería Forestal | 37 |
| Ingeniería en Informática | 21 |
| Ingeniería Industrial | 14 |
Gestión Empresarial incluye las modalidades escolarizada y mixta.
Agronomía concentra la mayor cantidad de alumnos de esta relación, un comportamiento que corresponde con la vocación agropecuaria que históricamente ha distinguido al tecnológico.
En contraste, Ingeniería Industrial, una de las especialidades con mayor matrícula nacional, registra una presencia mínima en el plantel quintanarroense.
Según los mismos datos de ANFEI, durante el ciclo 2024-2025 Ingeniería Industrial reunió 178 mil 104 estudiantes a nivel nacional, mientras Ingeniería en Gestión Empresarial contabilizó 72 mil 250 e Ingeniería en Agronomía, 38 mil 333.
Aunque estas cifras no permiten establecer una comparación directa de demanda entre instituciones de diferente tamaño, sí muestran que una carrera ampliamente cursada en México tiene una matrícula particularmente reducida en Juan Sarabia.
El tecnológico tendría que explicar si esa situación responde a una oferta reciente, a problemas de captación, a la demanda regional o a otros factores académicos.
¿Cuántos estudiantes abandonan sus carreras?
La matrícula constituye solamente una parte de la evaluación educativa.
También es necesario conocer cuántos alumnos ingresan cada año, cuántos permanecen inscritos, cuántos cambian de carrera y cuántos concluyen sus estudios.
El Tecnológico Nacional de México reportó un índice global de abandono escolar de 8.96 por ciento durante el ciclo 2023-2024, frente al 10.74 por ciento del periodo anterior.
Sin embargo, ese indicador corresponde al conjunto del sistema y no permite determinar cuál fue la deserción específica del Instituto Tecnológico de la Zona Maya.
Para conocer la situación real del plantel se necesitan estadísticas propias, desglosadas por carrera y generación.
Sin esos datos, resulta imposible saber si los programas con pocos estudiantes enfrentan problemas de abandono o si simplemente reciben un número reducido de aspirantes.
La diferencia no es menor: una carrera con baja demanda requiere respuestas distintas a una donde numerosos jóvenes ingresan, pero no consiguen terminar.
Cinco décadas y más de tres mil profesionistas
De acuerdo con información difundida por el Gobierno de Quintana Roo en octubre de 2026, el Tecnológico de la Zona Maya contaba con 583 estudiantes y había formado a 3 mil 214 profesionistas a lo largo de su trayectoria.
Las cifras reflejan la presencia histórica de la institución en la educación superior del sur del estado.
Pero también abren una pregunta que pocas veces ocupa el centro de los informes oficiales: ¿qué ocurrió con esos egresados?
No basta con conocer cuántos recibieron un título profesional. También importa saber cuántos trabajan en actividades relacionadas con sus estudios, cuántos permanecen en Quintana Roo, cuántos emigraron por falta de oportunidades y cuántos desarrollaron proyectos productivos.
En las fuentes públicas examinadas para esta nota no se identificó un seguimiento suficientemente detallado y actualizado que permita responder esas preguntas.
Esto no significa necesariamente que la institución carezca de registros internos, sino que sus resultados laborales requieren mayor visibilidad y explicación pública.
¿Dónde están trabajando los profesionistas?
El Instituto Tecnológico de la Zona Maya se encuentra en una región con necesidades productivas y ambientales importantes.
El sur de Quintana Roo requiere especialistas en producción agropecuaria, aprovechamiento forestal, conservación ambiental, tecnología, administración y desarrollo empresarial.
Por ello, el seguimiento de egresados tendría que permitir conocer cuántos ingenieros agrónomos trabajan con productores locales, cuántos forestales participan en proyectos de manejo sostenible y cuántos profesionistas de Gestión Empresarial, Informática e Industrial encuentran oportunidades en empresas de la entidad.
También sería relevante identificar cuántos egresados han emprendido negocios propios, generado empleos o participado en proyectos de innovación.
Estos indicadores permitirían evaluar no solamente el funcionamiento académico del tecnológico, sino también su contribución al desarrollo económico y social de Quintana Roo.
Los reconocimientos no sustituyen los resultados
La trayectoria de una institución pública merece reconocimiento, pero su antigüedad no debe convertirse en una razón para dejar de examinar sus resultados.
Una evaluación completa tendría que incluir matrícula, abandono escolar, eficiencia terminal, titulación, empleabilidad y pertinencia de los programas académicos.
También sería necesario explicar las estrategias para fortalecer las carreras con menor número de estudiantes y determinar si su oferta responde a las necesidades actuales de la región.
Los 14 alumnos de Ingeniería Industrial no constituyen por sí mismos evidencia de fracaso académico, pero sí representan un dato que merece una explicación institucional.
De la misma manera, haber formado a más de tres mil profesionistas es un logro histórico cuya dimensión puede entenderse mejor si se conoce su impacto en el mercado laboral.
A 50 años de su fundación, el Instituto Tecnológico de la Zona Maya tiene una oportunidad para demostrar que su contribución no se limita a entregar títulos profesionales.
La pregunta de fondo es cuánto del conocimiento generado durante cinco décadas se está convirtiendo en empleo, productividad, innovación y oportunidades para las comunidades de Quintana Roo.
Porque la verdadera medida de una institución de educación superior no está solamente en cuántos estudiantes ingresan o egresan, sino también en lo que pueden construir con la formación que recibieron.



