Productores enfrentan pérdidas severas; recomiendan dejar descansar la tierra hasta cinco años
JOSÉ MARÍA MORELOS, Quintana Roo.— La caída en la producción de sandía registrada el año pasado en el municipio tiene causas ya identificadas: el uso de semilla importada y la presencia de un agente infeccioso resistente en el suelo, informó Venancio Aban Mejía, presidente de la Junta Local de Sanidad Vegetal.
De acuerdo con los estudios realizados, la sustitución de la semilla tradicional por una variedad proveniente del extranjero habría detonado la actividad de un patógeno previamente presente en la tierra, provocando una infección que no pudo ser controlada con los agroquímicos utilizados por los productores.
El funcionario explicó que se trata de un agente infeccioso que se volvió resistente a los componentes aplicados en los cultivos, lo que impidió contener la enfermedad y agravó las afectaciones en las parcelas.
Ante este panorama, especialistas recomendaron a los agricultores implementar la rotación de cultivos y dejar descansar las tierras afectadas por un periodo mínimo de cinco años, con el objetivo de reducir la carga del patógeno y evitar su propagación.
La medida representa un fuerte impacto económico para los productores, ya que la sandía es uno de los cultivos más importantes del municipio. Además, la reubicación de las áreas de siembra resulta inviable en el corto plazo debido a la infraestructura de riego instalada en las parcelas afectadas.
Aban Mejía reconoció que trasladar la producción implicaría costos elevados, por lo que la rotación de cultivos se mantiene como la alternativa más viable en las condiciones actuales.
El diagnóstico se obtuvo tras la toma de muestras de suelo en cada parcela afectada, las cuales fueron enviadas a laboratorios en la Ciudad de México. El proceso de análisis tardó entre tres y cuatro meses, y los resultados fueron entregados de manera individual a los productores.
La disminución en la producción de sandía podría tener repercusiones importantes para la economía local, al tratarse de una actividad clave para el sustento de numerosas familias campesinas en la región.
La presencia de este agente infeccioso resistente en el suelo plantea un reto para el sector agrícola, que deberá adoptar nuevas prácticas para recuperar la productividad de sus tierras y prevenir futuras afectaciones.






















