Por: Jorge Carrillo
(Especial)
Chetumal.- Fue en diciembre de 2018 a la entrada de la presente administración federal a cargo de Andrés Manuel López Obrador, cuando se sepultaron casi tres décadas de trabajo en beneficio de pobladores de más de un millar de comunidades, herederas de la más rica biodiversidad en sus territorios en la región. Fue en esa fecha fatídica cuando se da por concluido el “Proyecto Corredor Biológico Mesoamericano” y se inicia su destrucción con la ruptura de la selva y sus ecosistemas para dar paso al Tren Maya.

Fue el gobierno de la llamada “Cuarta Transformación”, el que se dice humanista y respetuoso de las comunidades indígenas, ese que encabeza Andrés Manuel López Obrador, el que tiró al traste millonarias inversiones financiadas por el Banco Mundial para llevar a cabo este importante proyecto que generó alternativas para frenar la acelerada pérdida de biodiversidad en el sureste mexicano.
El Proyecto Corredor Biológico Mesoamericano tuvo como premisa principal, conservar la riqueza biológica del país, mediante el uso sustentable de la riqueza natural, la reducción de la pobreza y el fortalecimiento económico de las poblaciones rurales.
A cambio de lo anterior, sin estudios que avalen su rentabilidad y mucho menos de impacto ambiental, se devasta la selva y se tienden los rieles por más de mil 500 kilómetros para dar paso a un tren que gira en la Península de Yucatán y que afecta la natural forma de vivir y movilizarse de miles especies de todo tipo.
El Corredor Biológico Mesoamericano en su implementación en México (CBMM), pues antes participaba como observador, fue un proyecto realizado entre 2002 y 2018 en los estados de Campeche, Chiapas, Quintana Roo y Yucatán con financiamiento del Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), con el Banco Mundial como agencia implementadora. El proyecto generó alternativas para frenar la acelerada pérdida de biodiversidad en el sureste mexicano.
Al término del financiamiento de su primera fase en 2009, fue acogido por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), con el fin de ser impulsado como una herramienta de conservación en el territorio mexicano, ampliado además a los territorios de Oaxaca y Tabasco. Se orientó a contribuir a la preservación de la biodiversidad e impulsar un mejor conocimiento y uso sustentable de la riqueza natural por las poblaciones rurales que habitan en zonas de alta importancia por su diversidad biológica.
De acuerdo con la propia Conabio, a lo largo de 16 años, el CBMM trabajó con más de un millar de comunidades rurales en los estados anteriormente mencionados; en ellos, se fomentó un desarrollo rural sostenible orientado hacia la conservación del patrimonio natural y el bienestar de las poblaciones locales.
No obstante, los antecedentes del Corredor Biológico Mesoamericano datan desde 1995, cuando se firma la Declaración Conjunta México-Centroamérica y la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD) integrada por Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana crea el proyecto en el que México participa como observador.
La construcción del Tren Maya, así como el Aeropuerto de Tulum y las obras complementarias, contribuirán al deterioro de nuestros ecosistemas, lo que no sólo se traduce en una amenaza para las diversas formas de vida.
Estas obras ponen en riesgo servicios ambientales indispensables como la regulación del ciclo hidrológico y la recarga de acuíferos, y con ellos, la disponibilidad de agua, el control de la erosión y la conservación de los suelos; la conservación de la diversidad biológica, el acervo de recursos genéticos, la reducción de la vulnerabilidad ante los desastres naturales y la conservación de recursos de los que puede depender el sustento de las futuras generaciones.
(fuente de Datos: Conabio)






















