Estudiantes celebran la festividad maya con catrinas, comida de ánimas y expresiones artísticas que fortalecen la identidad cultural y el agradecimiento hacia los antepasados.
JMM.– Entre catrinas, comida de ánimas y coloridos alebrijes, la comunidad estudiantil de la escuela secundaria Andrés Quintana Roo celebró el Hanal Pixán, la festividad maya dedicada a honrar a los difuntos, con un enfoque educativo que busca fortalecer la identidad cultural y el valor del agradecimiento hacia los antepasados.
Bajo la guía del profesor de historia Adolfo Antonio Pérez Cano, las actividades formaron parte de un proceso académico que invita a los jóvenes a revalorar los conocimientos transmitidos por sus familias, desde la preparación de alimentos tradicionales hasta los oficios que conforman el legado cultural de la región.
“En memoria de lo que ellos nos dejaron, tanto material como inmaterial, realizamos estas actividades”, explicó el docente, al destacar el sincretismo entre la tradición maya y las catrinas populares del centro del país.
Catrinas y arte con conciencia ambiental
El maestro relató que las catrinas, creadas originalmente por José Guadalupe Posada como una crítica social y posteriormente popularizadas por Diego Rivera, se han convertido en símbolo de creatividad mexicana. En la secundaria, los alumnos elaboran sus propias versiones utilizando materiales reciclados, cartón, papel y yeso, fomentando la expresión artística y la conciencia ambiental.
Música, danza y aprendizaje vivencial
Durante las festividades, los estudiantes participaron en presentaciones de música prehispánica y danzas folclóricas inspiradas en melodías tradicionales como La Llorona y La Bruja. Pérez Cano subrayó que este tipo de eventos permiten a los jóvenes aprender fuera del aula, fortalecer su sentido de pertenencia y conectar con sus raíces a través de la convivencia y la creación colectiva.
Valores que trascienden generaciones
Además del aspecto artístico, el proyecto busca inculcar valores como el ahorro y la gratitud. El profesor recordó la costumbre de las abuelas que guardaban pequeñas cantidades de dinero para preparar las ofrendas, enseñando a las nuevas generaciones la importancia de planificar, agradecer y conservar las tradiciones familiares.
Cultura viva y en transformación
Finalmente, Pérez Cano reflexionó que la cultura es un organismo vivo, en constante transformación.
“Cada año se enriquece con nuevos elementos, pero sin olvidar nuestros orígenes. La escuela es un espacio donde los jóvenes pueden comprender ese ciclo de vida, muerte y renacimiento que forma parte de la cosmovisión maya”, concluyó.






















