Por Gabriel Aarón Macías Zapata
A menudo el final de una guerra se asocia con la derrota militar de uno de los contendientes. Mientras el ganador asume la victoria al vencer con las armas al contrincante, el derrotado aparentemente se resigna a aceptar las condiciones que impone el bando triunfante. A su vez, esta simplista interpretación suele ser la base para que los vencedores escriban la historia desde su punto de vista; en tanto que las acciones y motivos de los derrotados quedan en un segundo plano, al grado que -en este caso- el resultado se etiquetó bajo la dicotomía peyorativa del triunfo de la “civilización” sobre la “barbarie”.
En mayo de 1901 el ejército mexicano venció por las armas a los mayas y tomó los principales baluartes de la resistencia: Noj Caj Santa Cruz Xbáalam Naj y Bacalar. Poco después, en 1904 un decreto de Porfirio Díaz dio por terminada la contienda y desde entonces se asume que el gobierno federal fue el vencedor. ¿Realmente este fue el resultado del conflicto que se prolongó poco más de medio siglo?
Para dar una respuesta se requiere escudriñar sobre las causas que orillaron a los mayas a tomar las armas el 30 de julio de 1847. Esto nos podría conducir a valorar si al final del enfrentamiento los indígenas lograron obtener el motivo de su alzamiento. Al respecto, estamos de acuerdo en que no hubo un solo factor que hizo estallar la guerra, sino que en ello intervinieron varios elementos interrelacionados. Entre ellos están el incremento de los costos de los servicios religiosos y el cobro de la renta de los terrenos baldíos y las tierras cultivadas en los pueblos. A ello se agregan los desajustes ocasionados en la élite tradicional debido a las medidas liberales implementadas, entre otros.
Uno de los factores que más ha sobresalido es el efecto de la desamortización de las tierras de los pueblos mayas, medida reflejada en la pérdida de este recurso; imprescindible para la vida económica y cultural de los indígenas. Sobre este aspecto haremos mayor énfasis en nuestra reflexión.
Una vez que estalló el conflicto, los mayas se replegaron hacia el oriente de la península. En esta amplia región lograron sostener la autonomía mientras transcurrió el conflicto. Entre tanto, el gobierno de Yucatán realizó esfuerzos para alcanzar la pacificación a través de los tratados de paz de 1848, 1851 y 1853.
No todos los sublevados aceptaron estos acuerdos, solo una parte de ellos decidió dejar las armas dando lugar al grupo de mayas pacificados y cuyos poblados se ubicaron al sur de Campeche. Sin embargo, de ninguna manera estos indígenas se sometieron políticamente a los gobiernos de Yucatán y de Campeche. Más bien continuaron obedeciendo a sus líderes y todo intento de imponer autoridades ajenas a sus comunidades terminaron en el fracaso. De este modo, los mayas pacificados impidieron la aplicación de las leyes de desamortización al interior de su territorio, motivo por el que lograron mantener el control sobre sus tierras. Ante esta situación, a regañadientes las autoridades yucatecas y campechanas permitieron la existencia de la autonomía de los pacificados, pues en caso de combatirla temían que estos pueblos volvieran a tomar las armas.
También había numerosos pueblos de mayas que nunca participaron en la sublevación en contra del gobierno, como los que estaban ubicados dentro del territorio controlado por las autoridades yucatecas. Entre ellos están Tizimín, Sotuta, Peto, Cenotillo, Tekax, entre otros. Sin embargo, su actitud pacifica en muchos casos no significó que permanecieran indiferentes a los efectos de la desamortización; al contrario, hubo numerosos casos en los que lograron impedir que los hacendados se adueñaran de sus tierras en su intento de ensanchar sus propiedades.
Esa lucha se vio reflejada en varias estrategias que impidieron que los hacendados ocuparan su territorio, ya sea impidiendo la medición de los terrenos considerados baldíos y también litigando por la vía legal para asegurar la posesión de sus tierras. Hubo casos en que llegaron a desafiar al ejército, como sucedió en el abrevadero Yaxkik, un lugar cercano a Mérida, cuando en 1870 un grupo de pueblos mayas se enfrentó a un hacendado y a la tropa yucateca, dando por resultado varios muertos y heridos.
Esta oposición sistemática de los mayas pacíficos obligó al gobierno de Yucatán a crear varias leyes locales que le permitían detener la avaricia de los hacendados, sobre todo cuando estos pueblos mostraran signos de descontento que pusieran en peligro la paz en estos asentamientos.
El temor de las autoridades era que, en caso de alterar el estado pacífico de estos pueblos, podrían optar por tomar las armas y unirse a los mayas de Santa Cruz. Debido a la precariedad de las finanzas del estado, sería imposible contener una sublevación de tal magnitud y la raza blanca podría haber desaparecido de la faz de la península. Aunque esto nunca sucedió, durante la guerra existen varios testimonios que manifiestan dicho presentimiento.
Con excepción de varios pueblos ubicados en la zona henequenera, los cuales perdieron sus tierras para dar paso al cultivo del agave; la mayoría de los asentamientos pacíficos localizados en la región maicera, al final del conflicto habían logrado mantener sus tierras fuera del alcance de los hacendados.
Finalmente, cuando en 1895 corría el rumor de emprender una campaña militar para acabar con la sublevación; el gobierno de Porfirio Díaz emitió un decreto que ordenó reservar los terrenos ocupados por los mayas de Santa Cruz y los pacificados del sur de Campeche. El motivo de esta medida era impedir que los especuladores se adueñaran de estas tierras, por lo que la labor de pacificación podría fracasar. De esta manera, aunque los indígenas sublevados fueron derrotados militarmente en 1901, desde la perspectiva política habían logrado que el gobierno federal protegiera su territorio. Una vez que el ejército ocupó sus principales poblaciones, los mayas se refugiaron en una región que hoy conocemos como la zona maya de Quintana Roo. A pesar de la derrota militar, aquellos indígenas que en 1847 se alzaron en armas para defender sus tierras, al final las lograron mantener y, además, protegidas por un decreto del gobierno federal. En este caso, juzgue usted quienes fueron los vencedores y los vencidos.






















