TULUM.— La temporada de captura de langosta, iniciada el pasado 1 de julio, refleja la lucha diaria de los pescadores de la cooperativa Vigía Chico, quienes, pese a enfrentar la presencia masiva de sargazo, precios poco competitivos y un mercado incierto, han logrado mantener la producción a niveles aceptables. En apenas dos meses de trabajo, alcanzaron aproximadamente 23 toneladas, una cifra que confirma la resiliencia del sector pesquero en medio de la adversidad.
Jesús Pereira, responsable del área de producción de la cooperativa, detalló que los primeros días de la temporada fueron favorables gracias a las condiciones climáticas. No obstante, el avance del sargazo ha alterado el equilibrio de los ecosistemas costeros, desplazando larvas y ejemplares hacia aguas profundas y reduciendo la disponibilidad del recurso. “Eso limita las zonas de trabajo, pero aun así hemos tenido buena producción, con presencia tanto de juveniles como de adultos”, explicó.
En los mejores momentos de la temporada, las brigadas llegaron a capturar hasta 2.5 toneladas en un solo día. Actualmente, las jornadas oscilan entre 1.3 y 1.5 toneladas, cifras que se mantienen dentro del promedio histórico y que representan un alivio frente a años recientes, cuando el mal clima y la caída de los precios impidieron salir a pescar.
El precio actual de la langosta viva entera ronda los 330 pesos por kilo. Aunque este valor permite mantener la actividad, no refleja el esfuerzo de la pesca artesanal que caracteriza a la zona. Sin embargo, las expectativas apuntan a un repunte: la crisis de producción en Yucatán, derivada de fenómenos como la marea roja, ha reducido la oferta regional y aumenta la demanda hacia las cooperativas de Quintana Roo. “Eso nos da margen de negociación para que el esfuerzo del pescador sea remunerado como corresponde”, señaló Pereira.
Más allá de la producción y los precios, los pescadores subrayan la falta de reconocimiento a su trabajo. La captura en Tulum se realiza bajo métodos sustentables y tradicionales, que garantizan calidad, pero no siempre se traducen en ingresos justos ni en el valor que merece el producto. “Nos gustaría que se conociera el esfuerzo detrás de lo que se consume aquí. La langosta de nuestras costas es un producto fuerte, auténtico y resultado de un trabajo artesanal que se mantiene vivo”, afirmó.
La temporada de langosta se ha convertido en un termómetro de la realidad de las comunidades pesqueras del Caribe mexicano: enfrentan el embate del sargazo, la presión de un mercado volátil y la necesidad de sostener a cientos de familias que dependen de esta actividad. Aun así, los pescadores de Tulum no bajan los brazos y confían en que el esfuerzo colectivo y la pesca sustentable sean su principal carta de resistencia frente a un futuro incierto.






















