Por Miqueas Abraham
En el ambiente poco a poco comienza a oler a elecciones. Y es que no hace falta ser un gran experto para convencerse que se cocina un nuevo proceso electoral y que, en breve, figuras políticas comenzarán el tradicional desfile por colonias y barrios populares para pedir el voto y la ansiada marca equis «X» en la papeleta que les ayude a obtener el triunfo en las urnas el día «D».
Se ha convertido en algo común el avistamiento de políticos por lapsos de tiempo, como por ejemplo los ballenatos en Los Cabos, Baja California, una sola vez al año. O como los eclipses con apariciones espontáneas. En la práctica, es habitual ser atestiguar la metamorfosis en la actitud y desde luego en la personalidad de personajes con distintas banderas partidistas que aspiran a ocupar posiciones dentro del poder público.
El giro de 180 grados es sorprendente; el cambio radical y recurrente en la conducta de quienes mantienen aspiraciones de representación popular se vuelve incluso irreconocible.
«Ya están en campañas», «Seguramente quieren nuestro voto», «Hay nos vienen a mentir de nuevo», «Quieren más dinero», son tan solo algunas de las frases que se oye a diestra y siniestra cuando los ciudadanos perciben que alguien les quiere «tomar el pelo» y descubren que el único interés que sobre vuelan sobre ellos es su codiciado voto.
Lo cierto es que —a diferencia de años atrás— la población ya se las sabe de todas, todas. Decepcionante, deleznable, ruin, pero tristemente real. Ese, desafortunadamente, es el nivel de política que tenemos actualmente en nuestro querido México.
Los tiempos actuales exigen cambios de fondo. La práctica política debe ser dignificada y quienes se ocupen de ella tienen que contrarrestar el desprestigio que se desprende de esa actividad.
Requerimos políticos de piel sensible y presta a servir; con vocación y actitud. Sin falsedades ni simulaciones, gente que trabaja día a día por su gente, y no solo cuando vienen eventos proselitistas. Es una burla para el ciudadano, y una bajeza para el político, “activarse” para ser visto en poses engañosas a fin de conseguir simpatías y adeptos; de esas, hemos visto gran cantidad de fotografías circular por redes sociales.
Y esto, a pesar de que es una constante, se tiene que erradicar. Si bien son costumbres, las malas usanzas deben desterrarse de nuestra vida si es que se desea pensar diferente. Mantener un ejercicio de cercanía y trabajo constante con los ciudadanos y cumplir la promesa, debe ser la conducta a seguir de quienes incursionen en estos terrenos.
La juventud y los nuevos liderazgos tienen que redirigir el rumbo, sin recurrir a las viejas mañas usadas en el pasado, vigentes en este presente incierto.
El político debe ser en todo momento un aliado del pueblo, no un farsante disfrazado en elecciones. De esos ya tenemos muchos y comenzarán a llover a cántaros con más fuerza en los meses venideros y no precisamente caerán del cielo, sino de los partidos políticos.
He aquí, pues, encaja perfectamente aquella frase bíblica: “Por sus frutos los conoceréis”. Como ciudadanos nos corresponde unirnos, cerrar filas y ponerle un alto a oportunistas que ansían posiciones para conseguir beneficios de minorías, grupos y allegados; a los que solo piensan en el poder para satisfacer ambiciones atentando contra la prosperidad de nuestro pueblo. En puerta vienen nuevos comicios, elijamos con inteligencia.
A ponernos «vivos»; por ti, por mí, por el bien de todos…
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