El recorrido que inició esta semana El hijo del búho sobre nuestras coordenadas municipales, termina ahora por los caminos del sur. Esta columna ha reivindicado, así, al turismo electoral, con grandes sobrevuelos políticos y vistas panorámicas de los escenarios estadísticos que se perfilan para nueve de las 11 presidencias municipales de Quintana Roo.
Hoy hablaremos de dos extensos municipios localizados en el extremo sur. Se trata del municipio capitalino, Othón P. Blanco, y del mítico y mágico Bacalar que, juntos, abarcan todo el sur del estado (18 mil 760 km², o sea, 36.9% del territorio, casi el equivalente de todo el territorio del Estado de México).
En los dos municipios se cumple, puntual y estadísticamente, la “maldición del subdesarrollo” por partida doble: primero, por estar al sur de México y, segundo, por ser la región sur del estado. Mientras Quintana Roo se ostentaba como la cuna del mestizaje, su región sur disputaba con Cozumel la categoría de “cuna de gobernantes”.
Pero, esto ya es historia o leyenda, pues el sur ha perdido, poco a poco, su influencia política ante los grupos emergentes de los municipios continentales del norte, en particular Solidaridad (Playa del Carmen) y, en el corto plazo, sin temor a dudas, Benito Juárez (Cancún).
Por ello, el 18 por ciento de la población quintanarroense, que aquí habita, enfrenta un gran compromiso en las urnas este 2016. El oficialismo se juega la capital y la mitad del territorio. Enorme reto para liderazgos -entre novatos, desconocidos y reciclados- que, en penosa mayoría, se quedaron en las rancias formas y el anticuado discurso de los gloriosos años 80 del siglo pasado.
Hasta hoy, electoralmente, ninguno de los dos municipios ha conocido la alternancia: en toda su historia, Othón P. Blanco (OPB) ha elegido a once presidentes municipales y la historia de Bacalar (BAC) es reciente, como municipio, y está por elegir a su segundo gobierno municipal.
Entonces, podemos decir que en ambos municipios el partido tricolor ha predominado históricamente, registrando sus votaciones más bajas en las elecciones de 2002 y 2005, cuando Eduardo Espinosa y Cora Amalia Castilla recibieron, respectivamente, el 44.9 y 46 por ciento del sufragio othonense. Salvo en aquellas dos elecciones, los resultados favorables para el PRI siempre han superado cómodamente los 50 puntos porcentuales.
El caso de 2013 en Bacalar, ya consumado como el décimo municipio de Quintana Roo, siguió un camino similar: José Alfredo “El Chepe” Contreras Méndez fue votado, como su primer presidente municipal, bajo las siglas del PRI. El popular taquero-político y diputado local, de 2011 a 2013, estuvo a dos décimas de llegar al 50% de los votos, mientras que su más cercano competidor no fueron el PAN ni el PRD, sino el Partido del Trabajo (PT), cuyo logo fue marcado en la boleta electoral por el 27.5% de los bacalareños.
Entonces, en el actual proceso 2016, la contienda no se ve entre las dos alianzas, como en los otros municipios, sino entre la alianza oficialista y el PT. Por supuesto que El hijo del búho tendrá bien puestos los ojos en este municipio, por este síntoma de alta competencia que se vislumbra en los espejos de la laguna de los siete colores.
Alexander Zetina Aguiluz, quien fue coordinador del grupo parlamentario del Partido Nueva Alianza (PANAL), en el congreso local de 2008 a 2011; diputado federal plurinominal con licencia y dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) medirá fuerzas con el indomable candidato petista Mauricio Morales Beiza, diputado local de 2011 a 2013 -al mismo tiempo que “El Chepe” Contreras-, y quien tiene un reconocido trabajo de campo, principalmente en el área rural del municipio.
Volviendo al caso del municipio capital, llama la atención que solamente en 2005 el PRI ha competido en alianza, con su rémora verde ecologista. Es decir, la fuerza del priismo en OPB no ha requerido de alianzas para el triunfo.
Este 2016, la elección se ha polarizado entre las dos alianzas que compiten: Quintana Roo Une (PAN-PRD) y Somos Quintana Roo (PRI-PVEM-Panal); aunque también compiten cuatro partidos en solitario, pero con nulas posibilidades de triunfo: Movimiento Ciudadano (MC), PT, Partido Encuentro Social (PES) y Morena, justamente, por la polarización que caracteriza la presente elección municipal.
La lucha por la capital la encabezan Arlet Mólgora Glover, del PRI, con su maratónica carrera y tendrá enfrente a un candidato con ADN priista, Luis Alfonso Torres Llanes, discreto pero eficiente funcionario y operador político quien, antes de renunciar al partido oficial, despachó en las más altas esferas administrativas. Por ejemplo, fue subsecretario de gobierno a las órdenes de Gabriel Mendicuti Loría, cuadro dimitente al gabinete del gobierno local, quien estuvo a punto de irse como candidato de la alianza opositora para la presidencia municipal de Solidaridad.
En su única experiencia de campaña previa a la actual (2010), Torres Llanes compitió para ser diputado local priista por el tercer distrito (sureño) en la décimo tercera legislatura. En aquella ocasión obtuvo el 51.1 por ciento de los votos (nueve mil 146). De lejos le siguió el PRD con poco más de 2 mil 600 votos.
Por su parte, Mólgora Glover vive su tercera campaña, en meteórica carrera. La primera fue en 2013, cuando se convirtió en diputada priista por el primer distrito de la actual legislatura local, con el 53.7 por ciento (13 mil 585 votos). Su segunda experiencia fue apenas el año pasado, cuando llegó a la Cámara de Diputados por el segundo distrito electoral federal.
En este breve lapso, como dicen los analistas políticos: “Todo puede suceder”. Pero, tal como lo ve El hijo del búho, el ambiente competitivo que ya caracteriza el actual proceso, tanto en Bacalar como en Othón P. Blanco, depara muchas sorpresas, pero ninguna que augure una baja votación.


















