México se prepara para enfrentar la llegada del fenómeno climático «La Niña», previsto para mediados de 2024, que promete traer consigo un incremento en las temperaturas y sequías significativas, afectando principalmente el norte, centro y las costas del país.
El Centro de Predicciones Climáticas de Estados Unidos ha anunciado un 55% de probabilidad de que «La Niña» se desarrolle entre junio y agosto, intensificando las condiciones de sequía a nivel global y aumentando la actividad de huracanes en el Atlántico. Este fenómeno, caracterizado por el enfriamiento de las aguas superficiales en el Pacífico ecuatorial, reemplazará al actual «El Niño», disipando las lluvias esperadas en zonas críticas como el oeste de Estados Unidos y afectando áreas agrícolas en Sudamérica.
Chris Hyde, meteorólogo de Maxar, señala que aunque la superficie del Pacífico mantiene su calor, las aguas a 100 metros de profundidad ya comienzan a enfriarse, preparando el escenario para «La Niña». Este cambio en el clima podría tener efectos adversos en México, especialmente en las regiones norte, centro y costeras, donde el calor intenso y la falta de lluvias serán una preocupante realidad.
La llegada de «La Niña» podría acelerar las cosechas, pero también traerá consigo sequías y escasez de agua, no solo en México sino en otras partes del mundo. Los expertos indican que el impacto más crítico se esperaría entre julio y septiembre, enfatizando la importancia de la precipitación antes y durante la temporada de siembra para asegurar la humedad del subsuelo.
El fenómeno «La Niña», que alterna con «El Niño», produce un enfriamiento anormal de las aguas ecuatoriales del Océano Pacífico Tropical, afectando globalmente el clima. Esta situación climática ha sido recurrente desde su primera identificación en 1989, pasando por cuatro fases distintas que van desde el ingreso de «La Niña» hasta el retorno a las condiciones normales de los vientos alisios.
México, junto con otras naciones, deberá prepararse para enfrentar los desafíos que «La Niña» traerá, adaptando sus estrategias agrícolas y de gestión del agua para mitigar los efectos de la sequía y las altas temperaturas. La adaptabilidad y la previsión serán claves para superar los desafíos que el cambio climático continúa presentando.






















