• Joaquín López-Dóriga aseguró que Rafael Marín era respaldado por López Obrador, sus hijos, Horacio Duarte y personajes del ala dura de Morena; pese a ello, el exdirector de Aduanas habría terminado en tercer lugar en la medición que definió la coordinación de Quintana Roo
CHETUMAL, Quintana Roo.— Rafael Marín Mollinedo no solamente perdió este martes la carrera interna por la coordinación estatal de Morena en Quintana Roo. De acuerdo con la información difundida en el noticiero de Joaquín López-Dóriga, el exdirector de Aduanas habría terminado en tercer lugar, un desenlace que contrasta con la narrativa que durante meses lo presentó como uno de los aspirantes con mayores posibilidades de quedarse con la sucesión.
El resultado adquiere una dimensión política adicional por lo señalado por López-Dóriga inmediatamente después de conocerse la definición.
El periodista afirmó que Marín era el candidato de Andrés Manuel López Obrador, de sus hijos, del secretario general de Gobierno del Estado de México, Horacio Duarte, y de personajes identificados con el sector duro de Morena, entre ellos Jesús Ramírez.
Se trata de una caracterización política atribuida a López-Dóriga y no de respaldos formalmente reconocidos por cada una de las personas mencionadas.
Pero, de ser correcta la información del periodista sobre esos apoyos internos, el desenlace adquiere una lectura distinta: ni el peso del obradorismo histórico que rodeaba a Marín ni los respaldos nacionales que se le atribuyeron fueron suficientes para llevarlo siquiera al segundo lugar de la medición.
Morena terminó entregando este 15 de septiembre la Coordinación Estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional a Eugenio “Gino” Segura, senador y exsecretario de Finanzas del gobierno de Mara Lezama. La prensa nacional ha interpretado la definición como un fortalecimiento del grupo político de la gobernadora dentro del partido.
Del “Rafa puntero” al tercer lugar
El golpe político resulta mayor por las expectativas construidas alrededor de Marín.
Durante meses circularon mediciones que no solamente lo presentaban como competitivo, sino como virtual puntero.
Alius Polls publicó en agosto una encuesta en la que Rafael Marín aparecía con 39.1%, seguido por Ana Paty Peralta con 22.9% y Gino Segura con apenas 17.1%. La misma medición aseguraba que Marín era el aspirante que los encuestados identificaban en mayor medida con el proyecto de la Cuarta Transformación encabezado por Claudia Sheinbaum.
El Universal también documentó durante agosto un crecimiento en el conocimiento de Marín, que pasó de 29% a 45% entre junio y agosto.
La narrativa parecía construida:
Rafa crecía, Rafa representaba al morenismo histórico y Rafa podía ganar.
Pero otras encuestas contaban una historia completamente distinta.
GobernArte, por ejemplo, colocó a finales de agosto a Gino Segura con 43.1%, Ana Paty Peralta con 21.9% y Rafael Marín en tercer lugar con apenas 11.6%.
Incluso desde junio existían referencias nacionales que situaban a Marín en tercera posición detrás de Segura y Peralta.
La diferencia entre unas mediciones y otras llegó a ser enorme.
El resultado que derrumbó la narrativa
Este martes terminó la guerra de encuestas.
Morena presentó a Gino Segura como coordinador estatal y Marín quedó fuera de la definición.
Si, como informó López-Dóriga, Rafael Marín terminó además en tercer lugar en el ejercicio utilizado para la decisión, el resultado abre inevitablemente otra pregunta:
¿qué pasó con las encuestas que durante semanas aseguraron que Rafa Marín encabezaba ampliamente las preferencias?
Porque pasar de ser presentado con 39.1% y primer lugar a terminar tercero en el proceso decisivo no constituye una diferencia menor.
Obliga a revisar metodologías, universos consultados, preguntas realizadas y, especialmente, la manera en que esas mediciones fueron utilizadas políticamente durante la competencia.
Ni el discurso de “recuperar Morena” fue suficiente
Marín construyó además buena parte de su estrategia alrededor de “Recuperando el Movimiento”, una narrativa dirigida hacia las bases históricas de Morena y el obradorismo.
La apuesta buscaba diferenciarlo de perfiles identificados con la actual estructura estatal.
Sin embargo, esa identidad tampoco terminó traduciéndose en la coordinación.
Y el contraste se vuelve particularmente significativo frente a lo afirmado por López-Dóriga: si Marín efectivamente contó con simpatías o apoyos de figuras relevantes del obradorismo, la estructura política construida alrededor de Gino Segura consiguió imponerse pese a ellos.
Eso modifica el equilibrio interno.
Gino gana; el grupo de Mara sale fortalecido
La definición coloca a Gino Segura al frente de la estructura estatal de Morena rumbo a 2027, aunque la candidatura constitucional corresponde a una etapa posterior.
También fortalece políticamente al grupo vinculado con Mara Lezama.
El País describió este martes el resultado precisamente como una victoria política de la gobernadora dentro de Morena en Quintana Roo.
La primera reacción del Partido Verde también fue cerrar filas: Renán Sánchez Tajonar felicitó públicamente a Segura y llamó a mantener la unidad del movimiento.
Ahora Rafa tendrá que decidir qué hacer con el tercer lugar
Para Marín comienza una etapa complicada.
Su fuerza política ya no será medida por las encuestas que lo colocaban primero, sino por su capacidad para reaccionar después de haber perdido la definición.
Puede reconocer el resultado, incorporarse al proyecto encabezado por Segura y conservar influencia dentro de Morena.
También puede mantener alrededor suyo al sector que durante meses impulsó la idea de “recuperar el movimiento”.
Pero existe un dato que difícilmente podrá ignorarse.
Después de meses de recorridos, propaganda, posicionamiento nacional y encuestas que llegaron a presentarlo como favorito, Rafael Marín no consiguió la coordinación y, según lo informado por Joaquín López-Dóriga, terminó en tercer lugar.
Si además eran reales los respaldos nacionales que Dóriga le atribuye, el golpe político es todavía mayor.
No solamente perdió Rafa Marín. También quedó derrotada, al menos en esta definición de Quintana Roo, la apuesta del grupo que intentó llevarlo hasta la candidatura de 2027.



