Por Pedro Ricardes
El Tren Maya, la emblemática cuanto faraónica obra de Andrés Manuel López Obrador, no goza de cabal salud en el estado de Quintana Roo.
La falta de pago por las deudas, así como el pillaje en cuanto al material de construcción que allí se utiliza, son el pan nuestro de cada día.
El pago del 50 por ciento que se le debe a los propietarios de terrenos titulados que fueron afectados, sigue en el aire.
Año y medio han transcurrido desde que les pagaron la primera parcialidad y no hay ni señas de que puedan cobrar antes de que AMLO ceda la estafeta de la máxima investidura de este país.
Personas de la tercera edad a quienes les urge el dinero que les adeudan para atender sus males físicos, se quejan de que tocan puertas para cobrar lo que les deben y nadie se digna resolverles el problema.
En cuanto al robo hormiga del material que se utiliza en las distintas obras distribuidas en todo el estado, es un floreciente negocio de unos cuantos que no tiene para cuando parar.
Es notoria la súbita prosperidad de los involucrados en estos casos de rapiña, mientras los dueños de los terrenos afectados -¡qué ironía!-siguen mendigando para cobrar lo que la federación les debe..






















