Por Malixpek
Él dice que no lo dijo, como la «Chimultrufia», cuando dice una cosa dice otra, o como el «célebre» ex presidente Fox.
Este miércoles, a alguien se le ocurrió que, para desagraviar a Juan Carrillo Soberanis con los chetumaleños, podía ser el orador oficial en uno de los eventos conmemorativos del 40 Aniversario de Quintana Roo.
Y así fue. En el monumento erigido a Andrés Quintana Roo, cuyo apellido lleva el Estado.
Ahí, aunque en su reseña histórica exaltó que los chetumaleños fueron los que erigieron a Quintana Roo como estado libre y soberano, su esfuerzo sirvió poco para desagraviar.
Ah, perdón, por si no tiene Usted el contexto, le contaré que hace unos días, el diputado Juan Carrillo Soberanis le había dado entre otros calificativos, el de «huiros» a los chetumaleños, además dijo que Chetumal era un pueblo horrible y sin atractivos, y por ello no entendía por qué residía aquí la capital del estado; en síntesis, virtualmente había pedido que los poderes se trasladaran a Cancún.
Con virulencia sus dichos corrieron como reguero de pólvora y buscó por todos lados desmentir.
Así llegó a la radio oficial donde fue entrevistado y retó a la población a presentar un video, una grabación, una «prueba de vida» donde se demostrara que dijo lo que dijo.
Lamentablemente el legislador que es diputado gracias al ejercicio del poder, el amiguismo y la zalamería, no pudo expiarse este miércoles.
En el evento que le pusieron a conveniencia para ser orador oficial, lo que se observó fue la frialdad. Nadie lo saludó, nadie le aplaudió su intervención, nadie. La ley del hielo.
La ambición de Juanito Carrillo parece que le está cobrando la factura.
Eso de gritar a los cuatro vientos que sustituirá a José Luis Toledo cuando este se vaya como candidato a diputado federal, sólo expone su novatez y su falta de experiencia política.
Aunque represente a Isla Mujeres, el «Huiro» Juan Carrillo, todavía no sabe nadar con tiburones. Y vaya que en el Congreso los hay de todos tamaños y especies.
Octubre de 2014