JMM.-Un 29 de junio, hace exactamente 78 años, un puñado de familias valientes dio el primer paso para fundar lo que entonces se conocía como Kilómetro 50. Hoy, esa misma tierra, sembrada con esperanza, sudor y sueños, es conocida como José María Morelos: una ciudad que nació del corazón de la selva y del anhelo de una vida mejor
El cronista de la ciudad, el profesor Arsenio Nahuat Morales, rememora aquellos días de 1947, cuando los fundadores —mayormente provenientes de Tixmehuac, aunque también llegaron de Peto, Oxkutzcab y otras comunidades— buscaron en la espesura del monte un lugar donde pudieran vivir con dignidad. “Aquí no había absolutamente nada, sólo encontraron agua para sobrevivir”, relata. Fue el auge del corte de chicle lo que atrajo a los primeros pobladores, quienes encontraron en esta actividad una fuente de ingresos y una razón para asentarse.
Aquellos primeros años no fueron fáciles. Las familias vivían en campamentos temporales, viajando entre la colonia Dolores y el nuevo asentamiento. Pero la tierra, fértil en sueños y posibilidades, los convenció de quedarse. Así, poco a poco, comenzaron a construir un centro de población permanente. El Kilómetro 50 dejó de ser sólo un punto en el camino y se convirtió en el corazón de una comunidad en ciernes.
Con el tiempo, el nombre también evolucionó. Fue por propuesta de don José Huicab—aprobada por los mismos fundadores— que el Kilómetro 50 adoptó el nombre de José María Morelos, mucho antes de su conversión oficial en municipio en 1975. Aunque algunos creen que el cambio ocurrió con la municipalización, el cronista aclara que ya desde 1951 el nombre estaba en uso popular.
“José María Morelos fue declarado municipio el 12 de enero de 1975”, señala el profesor Nahuat. Desde entonces, por decreto, todas las cabeceras municipales fueron reconocidas como ciudades, sin importar su tamaño. Así, de la selva brotó una ciudad: no sólo en nombre, sino en espíritu.
Hoy, 78 años después, la ciudad es testigo del cumplimiento de aquella visión inicial. Con calles trazadas, servicios públicos, escuelas, comercio y una creciente vida cultural, José María Morelos es la herencia viva de quienes creyeron en la esperanza. “Si los fundadores vivieran, estoy seguro de que se sentirían orgullosos. Ellos pusieron los cimientos de lo que hoy somos”, afirma el cronista con emoción.
La historia de esta ciudad no está escrita sólo en documentos, sino en la memoria colectiva de su gente. Es un relato tejido con machetes, con sacrificio, con familias que se atrevieron a soñar desde cero. José María Morelos no es sólo una ciudad del sur de Quintana Roo: es un testimonio vivo de que los grandes sueños sí pueden nacer entre ceibas, raíces y canto de monte.






















