TULUM, Quintana Roo. El vertiginoso crecimiento del sector inmobiliario en Tulum está desencadenando una catástrofe ambiental silenciosa: toneladas de basura y residuos de construcción que acaban directamente en las selvas. Así lo denuncia Carlos Montes Gil, vicepresidente de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI) en Tulum, quien alerta sobre el devastador impacto de esta práctica.
“Te quiero hablar, amigo, de una catástrofe silenciosa que se está devorando las selvas de Tulum: la basura masiva que están dejando los desarrollos inmobiliarios. Es la realidad que nadie ve”, sentenció Montes Gil, haciendo hincapié en la huella destructiva que la industria de la construcción está dejando en los ecosistemas locales.
La preocupación del líder inmobiliario se basa en su observación directa: estima que cada nuevo proyecto en la zona genera al menos dos toneladas diarias de residuos sólidos —incluyendo escombro, plásticos, varillas, madera, envases y desechos químicos—, de los cuales “el 40% termina en la selva”.
“Yo estoy viendo una tormenta de escombro. Cada proyecto genera más de dos toneladas diarias de residuo, entre las varillas, los plásticos, los químicos, y todo eso… el 40% ¿dónde termina? En la selva”, cuestionó directamente.
Montes Gil señaló que la falta de regulación efectiva y la ausencia de supervisión real por parte de las autoridades municipales y estatales están permitiendo que los desarrolladores operen con impunidad ambiental. Asegura que se están generando tiraderos clandestinos en zonas selváticas aledañas a los fraccionamientos. «Aquí en Tulum vas a encontrar varios desarrollos que están dejando las basuras. Pero también hacia la zona 11, por donde yo vivo… están haciendo muchos desarrollos y hoy en la mañana salí a caminar: los escombros, la madera, los plásticos”, relató con indignación.
Contaminación por Desechos Domésticos de Trabajadores
Además de los residuos de construcción, Montes Gil denunció el comportamiento de los propios trabajadores de las obras, quienes, según su testimonio, están contribuyendo a la contaminación con desechos domésticos. “No solo eso, también se está viendo en esta zona que son los mismos trabajadores de la construcción que están tirando los desechos de cerveza, botellas de refresco, comida, así… desecho. Eso nos está llevando a la destrucción”, lamentó.
Esta problemática, aunque evidente para quienes viven cerca de las zonas de expansión, parece no ser una prioridad para las autoridades. No existen programas efectivos de gestión de residuos de construcción ni protocolos de sanción que frenen esta práctica devastadora.
El vicepresidente de AMPI subraya que este patrón de conducta y desinterés institucional está “condenando a Tulum a perder su riqueza natural”, la misma que impulsó el auge turístico y comercial del municipio.
La situación es crítica: los ecosistemas de Tulum están siendo invadidos por basura y desechos contaminantes sin una estrategia coordinada para detenerlo. En lugar de aplicar normas estrictas para el manejo de residuos, se siguen aprobando licencias de construcción a empresas que carecen de un plan de manejo ambiental adecuado.
“Es una catástrofe silenciosa, porque no hace ruido, pero lo va a hacer cuando no tengamos más selva, cuando el turismo empiece a voltear hacia otro lado por el deterioro ambiental”, advirtió Montes Gil.
Hizo un llamado urgente a las autoridades de los tres niveles de gobierno y a los desarrolladores para que asuman su responsabilidad ambiental e insistan en frenar el caos inmobiliario antes de que los daños sean irreversibles.
Lo cierto es que Tulum, bajo su fachada de paraíso natural, esconde hoy un rostro preocupante: montañas de residuos que avanzan lentamente hacia su núcleo verde. Y mientras las inversiones crecen, también lo hace la basura que nadie parece querer recoger.























