El cáncer de tiroides tiene altas posibilidades de supervivencia en sus formas más comunes, pero identificarlo y garantizar atención especializada a tiempo resulta fundamental
Por Victoria Castro Chávez
Chetumal, Quintana Roo.— Mientras buena parte de la agenda pública de Quintana Roo gira alrededor del turismo, las grandes obras y el crecimiento económico, las estadísticas de salud muestran una realidad que merece mucha mayor atención: la mortalidad por cáncer en el estado se encuentra por encima de la media nacional.
Los datos más recientes publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelan que durante 2024 Quintana Roo registró una tasa estandarizada de 80.7 defunciones por tumores malignos por cada 100 mil habitantes, mientras que el promedio nacional fue de 73.1. INEGI
La cifra coloca a la entidad dentro del grupo con tasas más elevadas del país y muestra un escenario muy diferente al registrado apenas dos años antes: en 2022 Quintana Roo reportó una tasa de 47.39 defunciones por cada 100 mil habitantes y se encontraba entre las entidades con los indicadores más bajos. INEGI
En ese panorama general aparece una enfermedad de características particulares: el cáncer de tiroides.
Un cáncer con altas probabilidades de supervivencia
A diferencia de otros tumores malignos, los tipos más frecuentes de cáncer tiroideo tienen, en términos generales, un pronóstico favorable.
El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos (NCI) señala que aproximadamente 95% de los cánceres de tiroides son bien diferenciados. Los papilares representan alrededor del 84% y los foliculares cerca del 11%.
La supervivencia relativa a diez años reportada por esa institución alcanza 99% para el cáncer papilar y 96% para el folicular. Instituto Nacional del Cáncer
Pero esos porcentajes no significan que todos los cánceres tiroideos sean iguales ni que puedan minimizarse.
Existen formas menos frecuentes y considerablemente más agresivas, como el cáncer anaplásico. Además, el pronóstico individual depende, entre otros factores, del tipo de tumor, edad, extensión de la enfermedad y presencia de metástasis.
El carcinoma papilar, que es el más frecuente, suele crecer lentamente y tiene mayor tendencia a extenderse hacia los ganglios linfáticos regionales que hacia órganos distantes. Instituto Nacional del Cáncer
Una pequeña masa en el cuello puede ser la primera señal
Una de las dificultades está en que las alteraciones de la tiroides pueden pasar inadvertidas inicialmente.
La presencia de un nódulo o masa en el cuello no significa automáticamente cáncer: existen numerosos nódulos tiroideos benignos.
Sin embargo, una alteración persistente debe ser valorada médicamente.
Cuando existe sospecha, el diagnóstico puede involucrar estudios de imagen y, dependiendo de las características del nódulo, una biopsia por aspiración con aguja fina para analizar las células.
Ahí adquiere especial importancia la capacidad del sistema público para ofrecer una ruta de atención oportuna.
Para una persona que vive en Chetumal o Cancún puede resultar relativamente más sencillo acceder a servicios especializados que para alguien que habita en una comunidad rural de José María Morelos, Felipe Carrillo Puerto, Bacalar o la zona maya.
La distancia, disponibilidad de especialistas, estudios diagnósticos y referencia a unidades de mayor capacidad pueden convertirse en factores determinantes.
La cirugía no siempre termina el tratamiento
Cuando se confirma un cáncer papilar o folicular, la cirugía constituye uno de los principales tratamientos.
Dependiendo del caso puede realizarse una lobectomía o una tiroidectomía total. Algunos pacientes también pueden requerir posteriormente tratamiento con yodo radiactivo y terapia hormonal. Instituto Nacional del Cáncer
Y aquí aparece una cuestión que pocas veces forma parte de la discusión pública.
El éxito frente al cáncer no depende únicamente de construir hospitales.
Importa también que existan especialistas, estudios diagnósticos, laboratorios, medicamentos, seguimiento y mecanismos de referencia que funcionen cuando el paciente los necesita.
Quintana Roo cambió su posición en apenas dos años
La estadística de INEGI merece atención especial.
En 2022, Quintana Roo figuraba entre las entidades con menor mortalidad por tumores malignos del país.
Para 2024, utilizando una tasa estandarizada que permite comparar mejor entre entidades con estructuras de edad diferentes, registró 80.7 muertes por cada 100 mil habitantes, contra 73.1 a nivel nacional. INEGI
Ese cambio no permite concluir por sí solo que exista una “epidemia de cáncer” ni atribuirlo automáticamente a deficiencias del sistema de salud.
Pero sí justifica una pregunta fundamental:
¿qué está ocurriendo con la atención del cáncer en Quintana Roo?
La respuesta requiere estudiar qué tipos de tumores explican las defunciones, en qué municipios se concentran, las edades de los pacientes, etapas de diagnóstico y acceso efectivo al tratamiento.
El código postal no debería determinar la oportunidad de atención
En cáncer de tiroides existe una paradoja.
Sus formas más frecuentes presentan tasas de supervivencia extraordinariamente altas, pero ese buen pronóstico médico no elimina la necesidad de diagnóstico, tratamiento y seguimiento adecuados.
Por eso el desafío para Quintana Roo no debería reducirse a campañas ocasionales ni conmemoraciones del Día Mundial contra el Cáncer.
Se necesita fortalecer el primer nivel de atención, mejorar las rutas para estudiar nódulos sospechosos y garantizar que una persona pueda acceder oportunamente a ultrasonido, valoración especializada y biopsia cuando exista indicación médica.
Y, sobre todo, conocer los datos estatales.
¿Cuántos casos de cáncer de tiroides se diagnostican cada año en Quintana Roo?
¿Cuántos se detectan en etapas tempranas?
¿Cuánto tarda un paciente desde la primera sospecha hasta obtener un diagnóstico?
¿Cuántos necesitan trasladarse fuera del estado para completar su tratamiento?
Son preguntas que las autoridades sanitarias deberían poder responder públicamente.
Porque detrás de una estadística no existen porcentajes abstractos.
Hay pacientes y familias para quienes una semana, un estudio o una referencia médica a tiempo pueden cambiar completamente el curso de una enfermedad.
Y en un estado donde la mortalidad general por cáncer ya supera la media nacional, garantizar un diagnóstico oportuno no puede depender del municipio donde viva el paciente ni de cuánto dinero tenga para buscar atención privada.



