JOSÉ MARÍA MORELOS, Quintana Roo.— En medio de la presión que enfrenta la selva maya por la tala y el cambio de uso de suelo, ejidatarios de la comunidad de San Felipe III encontraron en los bonos de carbono una alternativa para generar ingresos económicos sin destruir el monte.
A través de este esquema ambiental, productores de la zona reciben pagos por conservar más de 2 mil hectáreas de selva alta, contribuyendo a la captura de dióxido de carbono y a la mitigación de los efectos del cambio climático.
José Raúl Aké Cab explicó que el programa recompensa a las comunidades que mantienen protegidas sus áreas forestales y se comprometen a evitar actividades que dañen el ecosistema.
El productor detalló que participan en este esquema desde hace casi cuatro años y actualmente reciben entre 25 y 30 mil pesos anuales por integrante, aunque aclaró que el recurso implica trabajo constante de vigilancia y conservación.
Entre las actividades que realizan se encuentran la apertura de brechas cortafuego, limpieza de caminos, recorridos de supervisión y vigilancia permanente para evitar el ingreso de cazadores o personas ajenas a la zona protegida.
Aké Cab indicó que incluso utilizan cámaras trampa para monitorear el movimiento dentro de la selva y detectar posibles irregularidades, mientras que personal del programa realiza inspecciones periódicas para verificar que las labores ambientales realmente se estén cumpliendo antes de liberar los pagos correspondientes.
El entrevistado destacó que el proyecto tiene una duración estimada de 100 años, por lo que considera que el mayor beneficio será para las futuras generaciones.
“Antes muchos veían la montaña únicamente como tierra de trabajo, pero ahora hay mayor conciencia del valor ambiental y económico que representa conservarla”, expresó.
El ejido San Felipe III, ubicado cerca de las comunidades de Sabán y Agua La Presumida, mantiene importantes extensiones de selva que hoy permanecen protegidas bajo este esquema de conservación.
Para los campesinos de la zona, el programa demuestra que la selva también puede convertirse en una fuente de sustento económico sin necesidad de recurrir a la tala o la destrucción del entorno natural.






















