JOSÉ MARÍA MORELOS, Quintana Roo.— La apicultura atraviesa una etapa crítica en la zona maya de Quintana Roo, donde productores de José María Morelos advierten sobre el abandono progresivo de esta actividad tradicional debido a la caída en la rentabilidad, los daños ambientales y el incremento constante en los costos de producción.
El apicultor especializado en meliponicultura, Nazario Huchin Chum, señaló que durante los últimos años cada vez más familias han dejado de trabajar con abejas debido a que la actividad ya no genera ingresos suficientes para sostenerse económicamente.
Explicó que anteriormente existían mejores condiciones ambientales, mayor floración y más productores dedicados a la apicultura, mientras que actualmente muchos apenas conservan una sola colonia de abejas.
De acuerdo con el productor, entre el 60 y 70 por ciento de quienes antes se dedicaban a esta actividad han abandonado el oficio, principalmente por los incendios forestales, la disminución en la producción de miel y las afectaciones ambientales que impactan directamente la floración.
Nazario Huchin Chum indicó además que el precio de la miel prácticamente se ha mantenido estancado durante años, mientras que los costos de cajas, herramientas, equipo e insumos continúan aumentando, generando mayores dificultades económicas para las familias productoras.
A ello se suma, dijo, que en algunos casos los compradores tardan meses en pagar la miel entregada, situación que agrava aún más la situación financiera de los apicultores.
El productor lamentó también que muchos jóvenes ya no quieran continuar con la actividad heredada por sus familias, al considerar que no representa una fuente estable de ingresos.
Pese al panorama complicado, el especialista en meliponicultura consideró fundamental que las nuevas generaciones mantengan viva esta tradición, debido a la importancia de las abejas para la polinización, la producción agrícola y el equilibrio ambiental de la región.
La apicultura y la meliponicultura forman parte de las actividades productivas históricas de la zona maya de Quintana Roo, donde durante décadas cientos de familias encontraron en la producción de miel una fuente de sustento y un vínculo directo con la conservación de los ecosistemas.






















