NICO Lizama
¡Uf, muchacho, ahora si te zurraste fuera de la bacinica!.
¿Se te metió el demonio y querías comerte vivo a un chico de la prensa?.
Ya nomás eso faltaba, que por criticar al alcalde, tú, su vocero, te agarres a chongadazos con el comunicador.
Dicen los que saben, que para ser director de comunicaciones social se necesitan dos cosas: sentido común y que tu patrón sienta por ti algo mas que una simple amistad que luego se convierta en complicidad si la circunstancia así lo exige.
De no contar con estas dos “gracias”es imposible sobrevivir a ese infierno en que a veces se convierte el trato con tantas personas que piensan diferente.
“Diste” y “quitaste” y he ahí las consecuencias. Sabías la “tormenta” que se te venía encima. Ahora aguanta vara.
Nada de enojarse, nada de querer cachetear al criticón, nada de hacer coraje a lo “perico” porque visto esta, pueden complicarse tus problemas.
Pese a todo lo malo del tan lamentable episodio en el que te viste inmiscuido, tienes algo de suerte. Tu jefe, otro bueno para nada, jamás te pondrá patitas en la salle, al contrario, en corto te habrá felicitado y hasta con un aumento de sueldo te habrá abrumado. “¡Eso y más merecen esos pinch… chayoteros!”, te habrá soltado de entrada antes de darte un abrazo de los asfixiantes, de los que prometen tiempos mejores.
A propósito, me dicen que ya aseguraste tu futuro para siempre. Qué bueno. Aunque es cosa que a este monero le vale un pepino, no puedo dejar de felicitarte. Es de caballeros hacerlo.
Eso sí, disfrútalo, aprovéchalo, porque lo que no es bien habido se evapora en un abrir y cerrar de ojos.
Y ya, tranquilo, pórtate bien, que tu patrón no tarda en irse y ten por seguro que no cargará contigo.
Y no precisamente por el temor de que un mal día hasta a él desconozcas y le asestes un sonoro pescozón, sino sencillamente porque ya no le servirás para nada.
Además, suficiente tiene el hombre con sus innatas cualidades para meter la pata y convertirse en la “comidilla” del día.
¡Vaya pareja!.
El alcalde tiene una habilidad extraordinaria para meterse en problemas y su jefe de prensa otra todavía más sorprendente para empeorarlos



