Por Salvador Pérez Hernández.
Bacalar.- La pérdida de valor del peso frente al dólar americano, la cual oscila en 17 pesos por dólar, mantiene en vilo a la población, que relaciona devaluación con crisis; a la que percibe como una espiral inflacionaria que provocará una escalada constante de los precios de bienes y servicios, aumento del desempleo, escasez de productos, parálisis de la producción, fuga masiva de capitales, aumento de las tasas de interés bancarias y escasez de circulante.
Aún resuenan en los oídos de los adultos y varios mexicanos del actual activo laboral, aquella famosa frase que el 17 de agosto de 1981 pronunciara enjundiosamente el Presidente de la República, José López Portillo: “»Defenderé el peso como un perro», debido a que ya existía presión inflacionaria que desestabilizan la paridad cambiaria del Peso frente al Dólar, ocasionada por el desplome de los precios del Petróleo, situación agravada por la abultada deuda externa, por lo que se tuvo que devaluar la moneda de 22 a 70 pesos por dólar, destapando una crisis que duró más de una década.
El anuncio hecho hoy de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) que redujo a un rango de entre 2 y 2.8 su previsión de crecimiento del PIB para este año. Abandonando las expectativas iníciales de crecimiento del 2.2 y 3.2 por ciento, demuestran un escenario económico poco alentador.
Sin embargo; para el Presidente del Banco de México; el Doctor en Economía, Agustín Guillermo Carstens Carstens ;la economía mexicana presenta síntomas alentadores y resistirá la presión inflacionaria por la devaluación del Peso frente al Dólar, mediante estrategias probadas como son el incremento de las tasas de interés y la oferta de dólares de la reserva, al mismo tiempo que se evita el incremento de precios, dado que muchos productos que están sujetos a los precios internacionales se mantienen a la baja y los productos producidos en México con insumos nacionales son mejor opción a los importados, variables que sumadas al bajo nivel de consumo,permiten controlar la paridad cambiaria y el incremento de precios.
El nombre que se le da al ciclo económico que se caracteriza por la disminución de la actividad económica de un país es recesión; técnicamente es cuando el crecimiento del PIB es negativo de forma consecutiva durante tres trimestres y puede ser originado por la contracción de la demanda o de la oferta de bienes y servicios, con la consiguiente baja en la inversión y producción, aumento del desempleo y baja captación fiscal, por lo que al descender la oferta y demanda, la inflación puede bajar.
Aunque el Banco de México asegura que la depreciación del Peso Frente al Dólar será gradual, analistas prevén que el Dólar se cotizará al $ 17.50 en el mes de septiembre,y a pesar del supuesto de que no hay depresión económica, sólo desaceleración; se debe de precisar que el término desaceleración hace referencia a un periodo corto de tiempo, mientras que México mantendrá sus expectativas de disminución de exportaciones y estancamiento del consumo interno por un periodo de doce meses de “desaceleración”, por otra parte se espera que Estados Unidos aumente la tasa de interés lo que repercutirá en el fortalecimiento del valor dólar.
En conclusión el Banco de México pretende mantener una paridad cambiaria estable con un deslizamiento controlado de depreciación del Peso frente al Dólar; que puede llegar este año a los $ 18 por Dólar, sin embargo las altas tasas de interés disminuirán la oferta y demanda de productos y servicios, aumentarán el desempleo, lo que evitará una recesión y aumento espontáneo de precios, sacrificando crecimiento económico, pero no hay por qué preocuparse ya que la economía mexicana no podrá empeorar gracias a que la Reserva Federal de Los Estados Unidos aumentará la tasa de interés en aquel país con lo que se reactivará la economía norteamericana de la cual depende la de este país.
En otras palabras se evitará una devaluación súbita del precio del Peso frente al Dólar, manteniendo los sueldos bajos, disminución del poder de compra del ama de casa, así como estancamiento de los precios de los productos por falta de clientes, disminución de la inversión y por tanto aumento del desempleo, deteniendo el crecimiento económico para alcanzar la meta del 2.2 por ciento decrecimiento del Producto Interno Bruto y alejando los resultados positivos de la reforma estructural prometidos por el Presidente de la República; Enrique Peña Nieto.





















