Otra vez el estadio Nachan Kaan es el tema en Chetumal. Esta vez, porque el predio que antes se utilizaba como estacionamiento está siendo cercado. Se colocan estructuras metálicas, al parecer para anuncios, y con ello vuelve el escándalo: muchos se sorprenden de que ese terreno sea propiedad privada.
Pero lo verdaderamente sorprendente y alarmante es la amnesia selectiva y la facilidad con la que seguimos mirando al pasado para evadir las responsabilidades del presente.
La venta de ese terreno no es noticia nueva.
Ocurrió hace más de una década, durante el sexenio de Roberto Borge Ángulo, hoy preso, aunque no precisamente por la venta de aquel espacio público.
La indignación llega tarde. Pero además solo desvía la atención de lo verdaderamente importante.
Porque si bien ya sabemos quién estuvo al frente del gobierno cuando se vendió, también sabemos que los expedientes relacionados con esa y otras muchas ventas del patrimonio estatal —ventas por más de 161.8 millones de pesos— fueron abandonados.
Más de 7 mil millones de pesos en posibles daños al erario quedaron en el olvido administrativo.
¿Y quién respondió por ello? Ahí está lo que deberíamos estar discutiendo.
¿Qué pasó con las denuncias anunciadas en octubre de 2024? Esa que apuntaba no a los delitos originales —ya prescritos— sino a los responsables de permitir esa prescripción.
¿Ya fueron citados? ¿Acaso alguien ha sido sancionado por esa omisión? ¿O todo quedó, como suele ocurrir, en una rueda de prensa?
En lugar de seguir entretenidos con hechos de hace 10 años, deberíamos preguntar ¿qué pasó con los delitos de omisión?
¿Dónde está el Fiscal Anticorrupción, Edgar Ramírez Morales?
Su función es investigar, señalar y procurar justicia en casos como este. Él mismo estuvo en aquella conferencia de prensa y el habló de 847 carpetas de investigación.
Los ciudadanos no necesitan más escándalos reciclados. Necesitan respuestas presentes. Y, sobre todo, necesitan que los responsables de haber dejado morir esos expedientes no queden impunes.
De no exigir cuentas hoy, el próximo escándalo será igual: otro terreno, otra historia, otra distracción.






















