José María Morelos, Q. Roo.– En este pueblo donde el chisme corre más rápido que el agua en temporada de lluvia, la política volvió a ponerse buenna, muy buena. Y no, no estamos hablando de un programa de televisión, sino del nuevo capítulo en la novela “Xiximak vs Rebelde”, protagonizada por Francisco Puc Cen, alias Xiximak, y Erick Borges Yam, alias Rebelde.
El primero, Xiximak, regresó del limbo político después de un año entero de pleitos legales, amparos, abogados y t’aan t’aan (bla bla bla). Lo acusaron de todo menos de robarse las tortillas, pero al final la justicia federal dijo “ma’ jach” (no es cierto) y lo regresó a su silla en el Cabildo como séptimo regidor, tal y como le correspondía.
¿Y quién creen que estuvo detrás de todo ese mitote? Pues sí… Rebelde, el mismísimo presidente municipal, el mismo que anda diciendo que gobierna pa’ la gente, pero que usa el poder para tratar de bajarle los humos a quien le incomoda. Ma’alob estrategia: embarrarlo en mentiras para dejarlo fuera. Pero como dice la abuela: “mix máak t’aan, mix máak kaxtik” —la verdad siempre sale a la luz.
Rebelde, por su parte, sigue haciendo lo que mejor sabe: organizar eventos con mariachis, inaugurar banquetas que ya estaban hechas y echarle la culpa a otros por el agua que no llega, la luz que se va y los caminos que siguen como si fueran trillos de milpa. Eso sí, cuando hay cámaras, ahí está sonriendo y diciendo que todo está uts’ (bonito), aunque el pueblo esté ts’o’ok u puksi’ik’al (hasta el tope del hartazgo).
Del otro lado, Xiximak ahora anda muy gallito diciendo que va a reorganizar su movimiento, que va a caminar las comunidades, que va a visitar a las más de seis mil personas que le dieron su voto. Y aunque más de uno dice “ya lo vimos, y nada cambió”, hay que reconocer que regresó con respaldo legal y ganas de meter ruido en el Cabildo.
Mientras estos dos se tiran indirectas, se acusan y se creen los salvadores del pueblo, la gente sigue igual: con apagones, sin agua, con calles rotas y con promesas que no llegan. Y la gran pregunta sigue en el aire: ¿trabajarán algún día por el municipio o seguirán jugando a ver quién tiene el wíinikil (orgullo) más grande?
Por lo pronto, el show político sigue, el pueblo sigue mirando desde la sombra del parque, y la frase más repetida en el mercado es siempre la misma: “Ma’ uts lo’oba, pero qué divertido está este circo.”






















