TULUM.— La escena gastronómica de Tulum ha cambiado drásticamente en los últimos años. Lo que antes era reconocido por su sazón local, por antojitos auténticos y platillos con raíces mayas, hoy es percibido por visitantes y residentes como un producto más del turismo masivo: caro, sin sabor y hecho solo para venderse, no para disfrutarse.
Quienes conocen el destino desde hace años señalan que cada vez es más difícil encontrar comida con identidad. Restaurantes con menús en inglés, decoraciones extravagantes y precios elevados han desplazado a las cocinas tradicionales, e incluso muchos puestos callejeros —antes garantía de buen sabor y comida popular— han adoptado el mismo modelo: comida rápida, sin sazón, pensada más para tomarse fotos que para ser degustada.
“Tulum lo conocí por hay del 2017, antes comía cochinita o tamales que sabían a casa, la vdd muy buenos. Hoy todo es lo mismo: hamburguesas veganas, sushi sin alma, tostadas con nombres raros. Todo se agringó. Hay platos de 500 pesos que no llenan y ni saben bien”, dijo Brian, visitante de Monterrey. “Y no solo en restaurantes caros. Hasta en la calle ya no se siente ese sabor local. Como si todo lo prepararan sin ganas, solo para vender”.
En colonias como Villas Tulum o La Veleta, vecinos también expresan molestia por la transformación de la cocina local, que ya no representa a la comunidad ni cumple con su función social.
“Todo está hecho para turistas. Hasta los que venden comida en la calle ya lo hacen igual, sin sabor. Ponen arroz blanco, carne insípida y salsa de bote. Es como si ya nadie cocinara como antes. Solo venden rápido para sacar dinero”, comenta Emilio May, ciudadano de Tulum que trabajó varios años en una cocina económica familiar.
Agrega que antes se podía ir a comer pozole, empanadas, panuchos bien hechos en la calle o en alguna casa. “Ahora ni eso. Te cobran como restaurante, pero te dan pura comida sin chiste. Y lo peor es que a los turistas tampoco les gusta, porque no es ni mexicano, ni rico, ni barato”.
Actualmente, en zonas como Aldea Zamá, la costera o el centro, proliferan los locales con nombres en inglés, platillos internacionales y porciones mínimas. Pero el fenómeno se ha extendido también a zonas populares, donde el cambio de clientela ha modificado las prácticas culinarias.
El fenómeno refleja una pérdida de identidad culinaria impulsada por la presión del mercado y el turismo de consumo rápido, que no solo cambia el sabor de la comida, sino también su función como parte del tejido cultural y comunitario.























