Sin una trayectoria trascendental, y carente de la preparación política necesaria para estar al frente del Instituto Quintanarroense de la Mujer (IQM) –donde hoy se mantiene gracias a los lazos familiares que le unen con el actual titular de la SEyC José Alberto Alonso Ovando-, Blanca Pérez Alonso ha encabezado una política represora y detractora en contra de toda aquella mujer que le rebasa en capacidades y aptitudes.
No por nada el instituto a su cargo se compone en sus direcciones por un grueso número de varones para no ser objeto de competencia con las de su género, pues la fémina carece en su andar curricular de las herramientas necesarias para trabajar con quienes ve como competencia o como una amenaza a la silla que cuida celosamente.
Y es que después de desempeñarse en puestos de bajo nivel como jefa del Departamento de Planeación de la Secretaría de Turismo y como directora de la misma área en la Secretaría de Seguridad Pública, gracias a un “golpe de suerte” fue nombrada como encargada del despacho del IQM tras la salida de Lizbeth “La China” Gamboa Song, para después ser ratificada en un cargo que le queda por demás grande, pues hay mujeres que le rebasan en capacidades y trayectoria para llenar el perfil.
Y así como de un solo golpe dio el gran salto, de un solo golpe perdió el piso, y la soberbia propia de la falta de experiencia y desconocimiento del tema de la instancia que dirige, han ocasionado que lejos de velar por la protección de las mujeres y mantener el control de lo que sucede con la instancia a su cargo, está dedicada a difundir su imagen y a favorecer a su pequeño grupo de amigas a quienes surte de los medios necesarios para operar a modo y antojo (vehículos y vales de gasolina a manos llenas), mientras limita, reprime y somete a quienes no son parte de su clan.
Y una muestra clara fue la llegada de Miriam Osnaya al IQM, a quien Blanca Pérez vio como una rival en potencia para desplazarla del cargo, y no tuvo reserva por esconderla de los reflectores, por someterla a sus decisiones, y limitar su rango de acción para evitar contratiempos en su ínfima y patética carrera política.
Sería inaudito pasar por alto las distancias que la actual titular del Instituto Quintanarroense de la Mujer ha marcado también con las damas emblemáticas de la política estatal como la presidenta del Organismo de Mujeres en el estado (OMPRI), Marina González Zihel Marina González Zihel; la diputada presidenta de la Comisión de Igualdad de Género, Maritza Medina Díaz, y hasta la misma líder de la Fundación Colosio en la entidad, Sara Muza Simón, grupo al que ve como una amenaza y no como aliadas para trabajar en pro de las mujeres quintanarroenses.
Lo anterior gracias a su falta de capacidad de hacer nexos laborales, de su falta de tacto político para comprender que, en materia política, los reflectores deben ser compartidos para figurar y distinguirse, en lugar de relegar y obstaculizar el trabajo de las demás.
Son cosas que no pueden pasar desapercibidas, como tampoco podemos pasar por alto que las cifras de mujeres que son objeto de violencia en Quintana Roo siguen en aumento de manera alarmante, y en pleno Siglo XXI, aún y cuando el IQM goza de un presupuesto por demás generoso obtenido a través de la federación, y que debe ser aterrizado con programas destinados hacia mujeres, en todas sus vertientes, en todos los programas que conforman la estructura operativa de dicho instituto.
Sin embargo, Pérez Alonso prefiere la comodidad de los lineamientos sin buscar mayores cauces que le proyecten a otros niveles, y esto es porque desconoce a plenitud el nivel en el que se mueve, porque no es más que una figura venida a menos que intenta hacer política sin esperanzas futuras.
De plano lo de la organización y manejo del IQM no se le da a Blanca Cecilia Pérez Alonso, y una clara muestra fue su incapacidad de organización en el pasado evento “Un Billón de pie”, y en el cual tuvo que salir al quite el DIF estatal encabezado por la señora Mariana Zorrilla de Borge, la misma diputada Maritza Medina Díaz, y hasta los presidentes municipales de los 10 municipios de Quintana Roo para poder alcanzar la meta requerida en este movimiento de talla internacional, y que tiene como finalidad erradicar la violencia en mujeres y niñas.
Ni que decir de la nula organización que dejó en evidencia el desinterés de la Directora del Instituto Quintanarroense de la Mujer por el memorable 8 de Marzo, “Día Internacional de la Mujer”. No hubo un solo evento que estuviera organizado por la instancia a su cargo, todos los registrados en Quintana Roo fueron organizados por las titulares de los DIF de los ayuntamientos, u otras dependencias. En conclusión, patéticas sus capacidades.
Y no es que lo anterior surja a modo de un comentario machista, ni que sea una apreciación en particular. No, no es así, es el eco del descontento de un nutrido grupo de mujeres que han tenido “el disgusto de trabajar a su lado”, y que conocen a bien que Blanca Pérez Alonso es una mujer enfrentada con las mujeres, represora y detractora hasta más no poder.





















