Por Salvador Pérez Hernández.
La renuncia del líder moral y fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, marca el ocaso del sistema de partidos políticos en México, motivado por la pérdida de confianza y credibilidad de la ciudadanía hacía estas organizaciones políticas, y la creencia generalizada de que los partidos políticos no representan los intereses de la ciudadanía y sólo responden a sus propios intereses, y el de las oligarquías en el poder, formando parte del problema que origina la pobreza, corrupción, ilegalidad, injusticia e inseguridad que asola el país.
La crisis que atraviesa el PRD con la renuncia de su fundador Cuauhtémoc Cárdenas, se debe en buena medida a la pérdida del rumbo, a la realización de alianzas políticas con partidos que difieren con los principios ideológicos, la postulación de un líder de un cártel del narcotráfico en Iguala que condujo a la desaparición forzada de 43 estudiantes en Ayotzinapa y que refleja la crisis democrática por la que atraviesan los partidos políticos y que ha restado confianza y credibilidad a estas organizaciones políticas.
El clamor ciudadano y que llevó a la Presidencia de la República a Enrique Peña Nieto, fue precisamente la confianza depositada en la promesa de campaña de que reduciría la inseguridad en un 50 por ciento, sin embargo, se observa un incremento exponencial de los delitos de homicidio, un aumento en las ejecuciones, extorsiones y secuestros.
Y a pesar de que la explosión de este problema se da en el periodo presidencial actual, este es un problema que se ha venido agravando desde administraciones pasadas encabezadas por otro partido político y que en los Estados y municipios gobernados por otros partidos políticos no mejoran las condiciones.
Los partidos políticos han disfrutados de grandes beneficios, que se reflejan en el nivel de vida, de lujos y extravagancias de sus líderes y representantes populares en el Congreso de la Unión y Congresos Locales, y aun de Presidentes Municipales y Regidores que presumen sus viajes al extranjero, y en otros casos extremos cometen abusos descarados del poder, como el caso de ex Presidente Municipal de Iguala; de extracción perredista o de los abusos cometidos todos los días por la policía municipal de Othón P. Blanco, abusos que constan en videos o en declaraciones de los ultrajados.
La ciudadanía ha manifestado en las encuestas aplicadas por el Instituto Nacional Electoral (INE) con fines de fortalecimiento de la vida democrática, una desconfianza total de los partidos políticos y los representantes populares, y existe conciencia de que los políticos no se preocupan por las necesidades del ciudadano.
La vida democrática sólo puede fortalecerse con la participación ciudadana y de esta depende la legitimidad de los gobiernos, por esta razón el gobierno de la República, los Estados y ayuntamientos deben ser respetuosos de las diversas formas de participación ciudadana, ya sea a través de mítines de protesta, pliegos petitorios con la firma de los ciudadanos, redes sociales de interés común, marchas para manifestar las inconformidades, expresión a través de las nuevas redes sociales por internet, reuniones de vecinos, organizaciones civiles, entre otras novedosas formas de participación.
Estas formas de participación ciudadana en la vida democrática son estigmatizadas por las elites del poder y desvirtuadas por declaraciones tanto de personajes en los gobiernos locales como por parte de sus vástagos beneficiarios de este poder político, ignorantes del proceso democrático y especialmente por los gobiernos estatales represores; señalando estas formas de participación como subversivas, desestabilizadoras, agitadoras, sediciosas, revoltosas y en extremos se desvirtúan para ser calificadas de anarquistas, terroristas, para confeccionarlos los delitos de delincuencia organizada, obstrucción de las vías de comunicación, rebelión, sedición y motín.
La falta de comprensión de los partidos políticos de los procesos democráticos y el alejamiento de estos de la ciudadanía, a la que ven sólo como la masa a la que hay que manipular para acceder al poder, ha desencantado a la población y aumentado el nivel de desconfianza hacia las organizaciones políticas, por lo que el sistema de partidos políticos se encuentra en crisis





















