La tragedia en Veracruz volvió a exhibir una de las enfermedades más profundas de la política mexicana: el afán de convertir la desgracia en escenario de propaganda.
Esta vez, el protagonista fue Samuel García, gobernador de Nuevo León, quien —una vez más— apostó por la simulación mediática antes que la acción efectiva.
Mientras el Gobierno de Nuevo León presumía haber enviado “personal y equipo de Protección Civil” para apoyar a las zonas afectadas por las lluvias en Veracruz, la gobernadora Rocío Nahle García fue contundente:
“A mí no me ha hablado el gobernador Samuel. Y si me habla, con gusto lo recibo.”
No hubo coordinación, no hubo comunicación, no hubo apoyo directo.
Solo una narrativa inflada para redes sociales, que intenta sostener la imagen de un mandatario más preocupado por las cámaras que por los hechos.
Mentiras con uniforme naranja
El gobernador emecista repite un patrón ya conocido: sobreactuar su papel de “líder eficiente” mientras los hechos lo desmienten. En esta ocasión, no hubo helicópteros, ni brigadas, ni respaldo logístico real hacia Veracruz.
Solo el anuncio vacío, convenientemente amplificado por su maquinaria digital, para aparentar un espíritu solidario que no se materializó en el territorio.
Y mientras tanto, Nahle coordinaba con los gobiernos de Chiapas, Quintana Roo y Tamaulipas, donde sí hubo presencia, apoyo y comunicación directa.
Lo de Samuel fue, simplemente, otra puesta en escena.
La estrategia del gobernador de Nuevo León es tan predecible como peligrosa: convertir la política pública en producto y la empatía en eslogan.
No hay gestión, hay “posteo”.
No hay cooperación, hay “contenido”.
No hay resultados, hay “percepción”.
El problema es que detrás de esa narrativa hay vidas reales. Hay comunidades veracruzanas incomunicadas, familias damnificadas, caminos destruidos.
Mientras Samuel sube historias a Instagram, Veracruz trabaja sin él y a pesar de él.
La emergencia dejó claro que hay mandatarios que gobiernan con botas y otros que gobiernan con filtros.
Rocío Nahle no necesita el show: necesita soluciones. Y lo está demostrando con hechos, con apoyo intergubernamental y con resultados visibles en campo.
Samuel, en cambio, elige mentir para no quedar fuera de la conversación, intentando aparentar solidaridad donde solo hay cálculo electoral.
Y es que en la política del simulacro, la tragedia es solo un fondo para la foto.






















