Por Gabriel Aarón Macías Zapata
Resulta común que en cada aniversario de la llegada del ciclón Janet a las costas de Quintana Roo, principalmente a la ciudad de Chetumal, por lo general los discursos, las notas periodísticas y los recuerdos hacen mayor énfasis sobre los destrozos, el dolor y pérdida de vidas ocasionados por la fuerza de la naturaleza. Si bien es cierto que los daños fueron cuantiosos, tanto materiales como humanos, también lo es que el meteoro trajo como consecuencia que la reconstrucción de la sociedad y las actividades económicas se hicieran bajo un nuevo concepto y que a la larga trajo beneficios a Quintana Roo.
El cambio más significativo es que el ciclón contribuyó a superar un modelo económico forestal basado en la explotación del chicle y las maderas preciosas. Aunque estas actividades habían realizado grandes aportaciones al desarrollo del Territorio Federal de Quintana Roo, al momento que ocurrió la tragedia el ciclo forestal había estancado la colonización y la economía. Desglosemos este proceso por partes.
A partir de la década de los años ochenta del siglo XIX se presentó una incipiente recuperación del territorio, entonces a manos de los mayas de Santa Cruz y quienes lo rentaban a los ingleses para la extracción de la madera. Para tal efecto, se hizo la entrega de concesiones forestales a empresarios de la confianza de Porfirio Díaz. Esta etapa se fortaleció con la derrota de los mayas en 1901, lo que trajo consigo una primera oleada de colonización con la fundación de Payo Obispo en 1898, además de la consolidación de pequeñas poblaciones ubicadas a lo largo del Río Hondo como Sacxán, Estevez, Pucté, Cocoyol, entre otras, algunas de ellas establecidas como centrales madereras.
El modelo forestal de las concesiones contribuyó a recuperar la soberanía del territorio, pero a su vez obstaculizó a la colonización. Los nuevos colonos que arribaban a la región se topaban con el impedimento de recibir tierras agrícolas o de hacerse acreedores de concesiones forestales, debido a que el bosque se encontraba ocupado por los empresarios beneficiados. En todo caso, el gobierno aconsejaba a los colonos que rentasen el bosque a los concesionarios, motivo por el que algunos mejor decidieron abandonar al Territorio, mientras que otros rentaban el bosque a los empresarios o se empleaban con ellos en la extracción del chicle.
Tras el advenimiento del reparto de tierras implantado por la revolución mexicana, durante el período del cardenismo se dio una segunda oleada importante de colonización del Territorio de Quintana Roo. Esto fue posible debido a que se hizo el reparto del bosque entre los habitantes y nuevos colonos a través de la entrega de ejidos forestales. Con base a la distribución natural del árbol del chicle y al rendimiento de la explotación de la resina, a cada ejidatario correspondió una extensión de 420 hectáreas. Al sentirse dueños del monte, los pobladores se arraigaron a la región y lograron obtener el sustento mediante la explotación del chicle a través de la organización de cooperativas, haciendo a un lado a los contratistas e intermediarios.
Si bien la explotación forestal bajo el cooperativismo ayudó a consolidar a las poblaciones ribereñas, el reparto del ejido forestal en el sur del Territorio de Quintana Roo contribuyó a estancar la colonización ejidal, pues se consideró que ya no había más bosque que repartir para atraer a un mayor número de colonos. La llegada de pobladores quedó restringida a la colonización espontánea, es decir, al arribo de migrantes de manera ocasional y que no correspondía a un flujo constante y sostenido.
Esta situación prevalecía en 1955 cuando azotó el ciclón Janet, causando muerte y desolación, además de afectar de manera significativa a la explotación chiclera debido a la pérdida de numerosos chicozapotes. Al comenzar la etapa de reconstrucción, en vez de confiar la resiliencia a un lento programa de reforestación, el gobierno federal impulsó un programa para crear Nuevos Centros de Población Ejidal sobre los bosques de los ejidos forestales.
Con el objetivo de crear un excedente de tierras se realizó el cambio del uso del suelo, de forestal hacia el agrícola comercial, lo que hizo que la antigua parcela de 420 hectáreas se convirtiera en una de 20 a 50, dependiendo de la calidad de la tierra, destinada para la agricultura. De esta manera, en un abrir y cerrar de ojos hubo un excedente de tierras, situación que permitió que la colonización espontánea diera paso a una agresiva colonización dirigida por el Estado, dando lugar a una tercera y muy significativa oleada de colonización.
El éxito se vio coronado con la inauguración del ingenio azucarero Álvaro Obregón al iniciar la primera zafra de prueba en el ciclo 1977-78, lo que contribuyó a consolidar el arraigo definitivo de los colonos y a procurar el sustento de los habitantes nativos de manera más segura. Para entonces, este programa junto con la construcción incipiente del futuro emporio turístico de Cancún, influyó para alcanzar el número necesario de habitantes para que en 1974 el entonces Territorio Federal de Quintana Roo alcanzara el estatus de estado de la República Mexicana.
De no haber sido por los efectos del ciclón Janet, la colonización espontánea que prevalecía durante el ciclo chiclero, quizá haya retardado mayor tiempo alcanzar el índice demográfico para obtener la categoría de estado. Indiscutiblemente, el meteoro también quedó grabado en la memoria colectiva de los habitantes, como un factor más que vino a nutrir la identidad de Quintana Roo.






















