El retorno de Rafael Marín Mollinedo (RM) no es un gesto romántico de quienes extrañan los años fundacionales de Morena. Es una reconfiguración política en marcha.
Bajo la consigna “Recuperemos el movimiento”, Marín y un grupo de viejos militantes morenistas comienzan a moverse en Quintana Roo con una narrativa que apela a la pureza original del proyecto y, al mismo tiempo, marca distancia del Partido Verde, aliado estratégico.
Los fundadores contra los aliados del poder
El mensaje es claro: “no queremos nada con el Verde”.
El grupo que se reactiva alrededor de Marín Mollinedo pretende erigirse como la voz de los fundadores de Morena, aquellos que aseguran haber sido marginados por los acuerdos pragmáticos con el Partido Verde, que hoy controla posiciones clave en municipios y dependencias estatales.
Las publicaciones recientes en redes sociales —imágenes, frases, fotografías y mensajes coordinados con el lema “Recuperemos el movimiento”— evidencian un intento de reposicionamiento político. No se trata de nostalgia, sino de territorio: de recuperar espacios de decisión que el Verde.
La contradicción
Sin embargo, la bandera moral de Marín Mollinedo llega en un momento incómodo.
Apenas unos días antes, medios nacionales revelaron que posee un departamento de lujo en Cancún valuado en más de 15 millones de pesos, una adquisición que —según los reportes— no aparece completa en sus declaraciones patrimoniales.
Así, mientras sus simpatizantes invocan los ideales fundacionales del movimiento, su líder enfrenta cuestionamientos por opacidad y privilegio, símbolos de aquello contra lo que Morena prometió rebelarse.
El discurso del rescate se tambalea cuando el rescatador carga las sombras de los mismos excesos que dice combatir.
Entre el Verde y las sobras del PRI
El resurgir de Marín Mollinedo no solo desafía al Verde: también busca capitalizar el desencanto de los ex priistas reciclados que hoy flotan entre partidos y gobiernos.
En la práctica, RM parece buscar alianzas con lo que queda del viejo sistema, tender puentes con estructuras priistas locales y reactivar lealtades personales bajo el nuevo estandarte del “rescate del movimiento”.
Es una estrategia doble: moralizar el discurso y pragmatizar la base.
Apelar a la pureza ideológica mientras se teje, en silencio, una red de alianzas con quienes nunca dejaron de negociar.
La lucha por la narrativa
El lema “Recuperemos el movimiento” funciona como una especie de contraofensiva interna dentro del morenismo.
Un mensaje dirigido no al ciudadano, sino a la militancia: “el partido fue tomado por intereses ajenos”.
Sin embargo, en el fondo, esta bandera también revela una batalla por el control del relato: quién representa la esencia del movimiento, quién lo desvirtuó y quién tiene el derecho de hablar en su nombre.
Epílogo: rescatar o reciclar
El dilema es simple.
Si el proyecto de Marín Mollinedo busca rescatar los principios fundacionales de Morena, el camino debería ser la coherencia. Pero si lo que busca es recuperar espacio político a costa de alianzas con los mismos que encarnan la vieja política, entonces su cruzada terminará siendo una operación de reciclaje político, no de rescate ideológico.
Porque en el fondo, entre banderas, lemas y purismos, lo que se libra no es una guerra de principios, sino una lucha por el poder.
Apelar al pasado, revestirse de moral y tender puentes con los viejos cuadros priistas podría ser su última jugada política. Pero en esa búsqueda por rescatar el movimiento, corre el riesgo de enterrarlo bajo las mismas prácticas que prometió desterrar.






















