Chetumal.- Hay ocasiones o momentos en que difícilmente hilvano frases o integro un párrafo, hoy es uno de ellos, el fallecimiento de mi colega Francisco Verdayes Ortiz me cala en lo más hondo de mis entrañas.
Aún sin compartir lazos consanguíneos, siento que he perdido parte de mi esencia.
Desde hace algunas décadas había escuchado de mi buen Paco (Q.E.P.D), pero en el sexenio de Joaquín Hendricks Díaz tuve la oportunidad de tratarlo profesionalmente, él como vocero del Gobierno de Quintana Roo y yo como periodista. Dominaba tan fácil la profesión que no tuvimos ningún problema para ponernos de acuerdo y trabajar.
Desde esos años tuve lo traté en reiteradas ocasiones. Cada quién expresaba y defendía su respectivo punto de vista sobre cualquier tema, en especial el político, pero siempre bajo una perspectiva constructiva y respetando la opinión personal.
Me quedo con esa mirada y sonrisa pura, con esas palmadas al hombro que siempre me daban cuando nos veíamos, pero sobre todo, tendré el honor de recordar al periodista, Francisco Verdayes, como una persona íntegra y comprometida con su labor, la cual antepuso por encima de prebendas, cochupos o dinero mal habido.
Con el respeto que se merecen las nuevas generaciones, hoy se ha ido uno de los verdaderos comunicadores de Quintana Roo. Cozumel pierde un baluarte y nosotros -los comunicadores- ganamos otro pedazo de cielo.





















