Por Victoria Castro Chávez
Los niveles Medio Superior y Superior registran las tasas más altas de deserción en la entidad, impulsadas por la presión económica, el crecimiento del sector turístico y la necesidad de incorporarse al mercado laboral.
CHETUMAL, Quintana Roo.— La deserción escolar en Quintana Roo presenta su mayor desafío en los niveles de Educación Media Superior y Superior, donde miles de jóvenes abandonan sus estudios antes de concluirlos, atraídos por la oferta laboral del sector turístico o presionados por la necesidad de contribuir a la economía familiar.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Educación de Quintana Roo (SEQ) y análisis del Instituto Quintanarroense de la Juventud (SEIJUVE), la educación universitaria concentra las tasas más elevadas de abandono escolar en el estado, con porcentajes que oscilan entre 10.8 y 17.7 por ciento, superando de manera constante el promedio nacional.
El segundo nivel con mayor deserción corresponde a la Educación Media Superior, donde preparatorias y bachilleratos registran índices de abandono que van del 6.3 al 10.2 por ciento, principalmente durante la etapa en que los jóvenes comienzan a incorporarse al mercado laboral.
En contraste, la Educación Secundaria mantiene niveles de abandono significativamente menores, con tasas que fluctúan entre 2.7 y 4.5 por ciento, concentrándose principalmente en estudiantes provenientes de sectores con mayores condiciones de vulnerabilidad.
La Educación Primaria, por su parte, presenta los mejores indicadores del sistema educativo estatal, con niveles de permanencia cercanos a la cobertura total y una eficiencia terminal que mantiene el abandono escolar por debajo del uno por ciento.
El turismo, principal imán para abandonar la escuela
Especialistas atribuyen este comportamiento a las características económicas propias de Quintana Roo, donde la fortaleza de la industria turística representa, al mismo tiempo, una oportunidad laboral inmediata y uno de los principales factores que incentivan la deserción escolar.
En municipios como Benito Juárez, Playa del Carmen y Tulum, la amplia oferta de empleos operativos en hoteles, restaurantes, comercios y servicios permite que muchos jóvenes obtengan ingresos en el corto plazo, reduciendo el incentivo para concluir una carrera universitaria o incluso el bachillerato.
A ello se suma la necesidad económica de numerosas familias, que obliga a estudiantes de entre 15 y 24 años a incorporarse al mercado laboral para contribuir al gasto del hogar.
Diversos diagnósticos señalan que esta situación afecta con mayor intensidad a jóvenes de escasos recursos y a mujeres, quienes enfrentan además limitaciones derivadas de horarios nocturnos, jornadas rotativas y dificultades para compatibilizar el trabajo con la asistencia a clases.
La migración también interrumpe las trayectorias escolares
Otro factor que influye en la deserción es el constante crecimiento poblacional derivado de la migración interna.
Quintana Roo mantiene una de las tasas de crecimiento demográfico más altas del país debido a la llegada permanente de familias provenientes de otras entidades, fenómeno que provoca interrupciones en la trayectoria educativa de adolescentes que cambian de residencia y enfrentan dificultades para incorporarse oportunamente al sistema escolar.
La movilidad constante también incrementa el riesgo de abandono cuando los estudiantes no logran adaptarse a los nuevos planteles o enfrentan retrasos administrativos para continuar sus estudios.
El reto: retener a los jóvenes en las aulas
Especialistas coinciden en que revertir esta tendencia requerirá fortalecer los programas de becas y apoyos económicos, ampliar la oferta de modalidades flexibles como educación nocturna, mixta o en línea, además de establecer una mayor coordinación entre instituciones educativas y el sector productivo.
El objetivo es generar condiciones que permitan a los jóvenes combinar sus actividades laborales con la continuidad de sus estudios, evitando que el ingreso inmediato se traduzca en el abandono definitivo de su formación profesional.
Las cifras muestran que, aunque Quintana Roo mantiene una cobertura sólida en educación básica, el principal desafío del sistema educativo estatal continúa siendo garantizar que los jóvenes permanezcan en las aulas hasta concluir el bachillerato y la universidad, niveles donde actualmente se concentra el mayor riesgo de deserción escolar.






















