Columna detalles: Por Isaías Díaz Martínez
Todavía Enrique Peña Nieto no se ha ido y ya lo empiezan a extrañar
Chetumal, Q. Roo (31 de julio de 2018).-Conforme se acerca el primero de diciembre, fecha en que asumirá la Presidencia de la República Mexicana Manuel López Obrador, indiscutible ganador de las elecciones del primero de julio, crece la incertidumbre de miles y miles de trabajadores de las diversas dependencias e instituciones del Gobierno de la Federación, esparcidos en toda el país a través de las delegaciones y las propias oficinas centrales de la CDMX.
El mismo futuro presidente ha anunciado que serán despedidos el 70 por ciento de los empleados federales de confianza y los que queden tendrán que trabajar hasta los sábados, mínimo ocho horas diarias. Igual adelantó que los salarios de los servidores públicos federales serán reducidos. No me ha quedado claro si se refiere únicamente a los Secretarios, Directores y personal de alto nivel ejecutivo o es parejo el descuento de salarios.
De cualquier manera siento que están dando un trato parejo, como si todos fueran una bola de flojos, ladrones, extorsionadores, aviadores, despreciables seres que se han enriquecido robando al pueblo. La cosa para nada es así. Pretende medir a todos con el mismo rasero, siendo que hay gente muy valiosa que de verdad ha servido con lealtad y sentido de pertenencia al equipo de trabajo institucional. Si los Secretarios o jefes han sido malos administradores y ratas coludas, es otra cosa; no por eso van a agarrar parejo.
Si cuando era candidato hubiera anunciado estas medidas, quizá López Obrador no hubiera arrasado en las urnas. Por cada burócrata, hay cuando menos otras dos personas afectadas: su pareja y un hijo.
Por otro lado, se insiste en que la mayoría de las Secretarías y Organismos serán reubicados. Serán sacadas de la CDMX hacia el interior de la República, en diferentes estados. ¿Ya les preguntaron a los trabajadores federales si están de acuerdo en salir, a radicar en otro distante lugar, dejando todo? ¿Cómo le harán para meter a los niños a la escuela? ¿Les darán vivienda gratis? ¿Hay suficientes servicios médicos del ISSSTE en los estados?
Decenas de interrogantes están en el aire, no es tan sencillo. Todavía no se ha ido el presidente Enrique Peña Nieto y ya lo empiezan a extrañar miles de burócratas federales. En Quintana Roo, al igual que el resto de los estados, hay delegaciones federales que van desaparecer. ¿Dónde irán los empleados despedidos? ¿Serán liquidados conforme a la ley o simplemente “pateados”?
¿Obligará López Obrador a los gobernadores a hacer lo mismo para disminuir los gastos de operación de los gobiernos estatales?
No, no es sencillo, para nada. Puede que se aproximen tiempos amargos para la burocracia federal y quizá también para las estatales y tal vez hasta para las municipales. Dejemos al mundo rodar.





















