TULUM.— A pesar de que durante años ciudadanos han manifestado su inconformidad, en Tulum persiste la invasión de banquetas por parte de negocios que las utilizan como extensión de sus locales. Las convierten en bodegas, vitrinas, talleres o incluso zonas de estacionamiento. La autoridad municipal no sanciona y los comerciantes actúan con total impunidad.
Este problema es evidente en colonias como el Centro, La Veleta y Tumben Ka, donde es común ver calles donde caminar por la banqueta es imposible. Comercios de todo tipo –desde ferreterías y talleres hasta tiendas de abarrotes y fruterías– colocan cajas, tambos, estructuras metálicas, techos improvisados, carros, motocicletas y todo tipo de objetos sobre el paso peatonal.
“En la calle donde vivo hay una carnicería que tiene cajas afuera, una vitrina y hasta una reja para cortar carne. Uno tiene que bajarse a la calle con los niños porque ya no hay por dónde pasar”, relata Silvia May, vecina de Tumben Ka.
El riesgo es constante. Personas con discapacidad, adultos mayores, estudiantes o mujeres con carriolas no pueden transitar con seguridad. La obstrucción los obliga a caminar sobre el asfalto, exponiéndose al tráfico sin banquetas funcionales ni rampas de acceso.
“Los talleres mecánicos dejan llantas, motores y hasta carros desarmados en las banquetas. No importa si es banqueta o calle, ya es como si todo fuera suyo. Lo peor es que nadie les dice nada”, afirma Ramiro López, residente de la colonia La Veleta.
En muchos casos, las banquetas ya ni siquiera se distinguen: están rotas, cubiertas de tierra o invadidas por lonas, techos o estructuras permanentes que se instalaron sin permisos visibles. Aunque el Reglamento de Tránsito y el de Comercio de Tulum prohíben explícitamente ocupar la vía pública sin autorización, no se ven operativos ni acciones para liberar el espacio.
Incluso cerca de escuelas, avenidas transitadas o clínicas, los peatones deben esquivar exhibidores, mesas, autos estacionados y lonas amarradas a postes. Algunos negocios instalan rejas móviles o anuncios que bloquean por completo el paso. Vecinos señalan que han hecho reportes directos y en redes sociales, sin respuesta de las autoridades responsables.
La permisividad es tal, que muchos locatarios han hecho de las banquetas parte formal de su negocio. Las usan para almacenar mercancía, para lavar autos, para colocar mobiliario comercial e incluso para estacionar de forma permanente. No se han anunciado sanciones, clausuras ni medidas de control.
El resultado es un entorno desordenado, inseguro y excluyente, donde el peatón queda en último lugar. El uso indebido de banquetas no es nuevo, pero el hartazgo ciudadano va en aumento. “Ya no pedimos que multen, pedimos que al menos les quiten lo que tienen encima de la banqueta. Es el colmo tener que caminar por la calle como si eso fuera normal”, expresó otro vecino.
La situación deja en evidencia la falta de vigilancia urbana y la ausencia de voluntad para hacer cumplir los reglamentos municipales. Mientras tanto, los ciudadanos siguen cediendo su derecho al paso, esquivando obstáculos y expuestos al riesgo.























