La más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, correspondiente a diciembre de 2025, vuelve a colocar sobre la mesa una realidad incómoda para Quintana Roo: la inseguridad no sólo se mide en delitos, sino en la percepción cotidiana de quienes habitan las ciudades.
En Cancún, el 80.7% de la población considera inseguro vivir en la ciudad. En Chetumal, aunque la cifra es menor, el 65.4% comparte esa percepción. Ambos porcentajes superan el promedio nacional de 63.8%, lo que confirma que el estado enfrenta un problema estructural de confianza ciudadana en materia de seguridad.
El caso de Cancún es particularmente alarmante. Ocho de cada diez personas sienten inseguridad en un destino que se proyecta internacionalmente como emblema turístico, motor económico y escaparate global de México. La contradicción es evidente: mientras la narrativa oficial insiste en estabilidad y crecimiento, la percepción ciudadana refleja miedo, incertidumbre y desgaste social.
Chetumal, por su parte, mantiene una percepción menor que Cancún, pero no necesariamente alentadora. Que casi dos terceras partes de la población se sientan inseguras en la capital del estado cuestiona la eficacia de las estrategias preventivas y el impacto real de las políticas públicas en la vida diaria.
Especialistas coinciden en que la percepción de inseguridad no surge de la nada. Se alimenta de factores como robos cotidianos, hechos violentos de alto impacto, deficiencias en iluminación, vialidades abandonadas, tiempos de respuesta policial y una comunicación institucional que, en muchos casos, parece desconectada de la realidad social.
Además, la ENSU revela una brecha de género persistente: las mujeres perciben mayor inseguridad que los hombres a nivel nacional, un dato que obliga a replantear políticas con enfoque diferenciado y acciones concretas para la protección de espacios públicos.
Más allá de la comparación entre ciudades, los datos evidencian un reto central para los gobiernos locales y estatales: recuperar la confianza ciudadana. Sin ella, cualquier estrategia de seguridad queda incompleta. Reducir delitos es fundamental, pero también lo es que la gente vuelva a sentirse segura al salir de casa, usar el transporte público o transitar por su colonia.
La percepción no es un dato menor ni un asunto de imagen. Es un termómetro social que mide el éxito —o el fracaso— de las políticas de seguridad. Y hoy, Cancún y Chetumal envían un mensaje claro: la seguridad sigue siendo una deuda pendiente.






















