Chetumal.-Lo que comenzó como una causa justa del magisterio en Quintana Roo ha sido secuestrado por la ambición política. A más de un mes del paro docente, y pese a que la principal demanda —el retiro de la iniciativa de reforma al ISSSTE— ya fue atendida por la presidenta Claudia Sheinbaum, miles de estudiantes siguen sin clases.
¿La razón? El movimiento ya no responde a los intereses del gremio, sino a los de Movimiento Ciudadano y, particularmente, a los del diputado José Luis Pech Várguez.
El oportunismo político ha quedado al descubierto. El 3 de abril, Pech apareció alentando a los maestros a mantener el paro, como si el bienestar de los alumnos fuera secundario frente a sus ambiciones.
Desde sus redes sociales promueve una huelga que ha perdido todo sentido educativo, pero que sirve perfectamente para desgastar al gobierno local y federal en plena antesala electoral.
Quintana Roo es hoy el único estado del país donde persiste el paro. No es casualidad. Aquí, Movimiento Ciudadano encontró un terreno fértil para sembrar el caos bajo el disfraz de una lucha laboral.
Y al frente, José Luis Pech, el mismo que como rector de la Universidad de Quintana Roo despidió de forma injustificada a un investigador —a quien años después la justicia le dio la razón—, y que dejó tras de sí una larga lista de quejas por irregularidades y autoritarismo.
Ahora, con disfraz de defensor del magisterio, Pech manipula el malestar de algunos sectores para posicionarse políticamente.
El Comité de Lucha, cuyo vocero es Xavier Eslava Méndez, se ha prestado al juego.
Las clases llevan suspendidas 37 días, y mientras los rostros cubiertos en las casetas de peaje de la carretera Cancún-Mérida revelan más miedo que convicción, muchos manifestantes no pueden ni explicar por qué protestan.
La educación pública, el derecho de los niños a aprender y el futuro de miles de familias, han sido convertidos en moneda electoral.
No hay causa sindical que justifique ese atropello. Y menos aún cuando el movimiento ha sido vaciado de contenido, y rellenado con la ambición de un político que ya mostró, en el pasado, que los derechos laborales le importan poco.
Hoy, más que una protesta, lo que vemos es una campaña disfrazada. Y en el centro de todo, un partido y un personaje que han preferido arrasar con la educación antes que dejar pasar la oportunidad de lucrar con el conflicto.






















