Costosa, pero muy costosa resultó a la regidora Marina González Zihel, el haberse quitado la “careta o antifaz político” en la pasada contienda interna del PRI cuando apoyó a su “amiga del alma”, Cora Amalia Castilla Madrid, que buscaban la candidatura a la diputación federal por el II Distrito Electoral, la cual, como ya estaba escrito, la nominación recayó en la figura de Arlet Mólgora Glover.
Antes del incidente, la doctora Marina González gozaba de la simpatía y respaldo del actual sistema político, similar o parecido al que tuvo durante el sexenio del ex gobernador, Félix González Canto, pero después de este incidente su “estrellita” anda opaca, se extingue, a tal grado, que su nombre ya no figura en los primeros sitios de una de una corta lista de prospectos para ocupar una curul en la XV Legislatura del Congreso del Estado.
Su osadía de enfrentar al sistema tiene su costo y Marina González lo sabe, está consciente que perdió por refrendar públicamente su respaldo a Cora Amalia, porque de antemano sabía que el apoyar a Cora era desafiar una orden explicita que recibieron todos y cada uno de quienes integran el ajedrez del sistema político quintanarroense.
Y el mayor de los problemas para la Marina González es que no puede negar o decir que es mentira tal acción, ya que fue ella de manera personal quien pidió permiso a un personaje muy cercano al gobernador Beto Borge, quien ni tardo ni perezoso lo hizo trascender, obviamente, la respuesta del receptor fue tajante: “Dile (a la doctora) que haga lo que quiera, que no se preocupe por mí”.
Cabe señalar que en los pasillos políticos y entre los círculos de los personajes que ostentan el poder en Quintana Roo, las dos primeras posiciones de la lista de diputados plurinominales que presentará el PRI para las elecciones de julio del 2016 ya estaban reservadas, la primera para Raymundo King de la Rosa y Marina González Zihel, aunque ahora con esta situación seguramente habrá modificación en la segunda posición.
Es un hecho, por mandato de Ley, que la segunda posición será ocupada por una mujer, pero desde ahora pueden borrar el nombre de Marina González y poner el de otra priista o incluso de una mujer del Verde, por ejemplo, Gabriela Medrano, si es que no es postulada a la presidencia municipal de Benito Juárez.
Al final, resulta una verdadera lástima que una carrera política o de servicio público sea truncada por querer demostrar la amistad, pero Marina González en el pecado llevará la penitencia





















