En el ámbito político de Quintana Roo, como en muchas otras partes, la tendencia de ciertos personajes a aferrarse al poder y a los beneficios que este conlleva parece ser una constante difícil de erradicar. La reciente selección de candidatos para las diputaciones federales por la coalición MORENA-PT-PVEM en los cuatro distritos electorales del estado pone de manifiesto esta problemática. A pesar de los cuestionables historiales y el desempeño deficiente de algunos de los «elegidos», su continuidad en el escenario político se presenta casi como un premio a su falta de compromiso con el bienestar colectivo.
No es posible eximir de responsabilidad a estos individuos, cuya motivación parece centrarse en el «dinero fácil» y una vida cómoda a costa del erario público. Sin embargo, la persistencia de esta situación también apunta a una falta de acciones correctivas por parte de los partidos políticos, que continúan respaldando a figuras controvertidas, cuyas actuaciones pasadas y presentes dejan mucho que desear en términos de representación ciudadana y gestión pública.
Entre los casos más notorios se encuentra el de Juan Carrillo Soberanis, cuyo paso por la presidencia municipal de Isla Mujeres terminó en señalamientos y críticas, no solo por su gestión sino por sus desafortunados comentarios hacia el sur de Quintana Roo. De igual manera, la diputada local Elda Xix aspira a una diputación federal, a pesar de un desempeño legislativo que ha sido, en el mejor de los casos, opaco y carente de iniciativas significativas que justifiquen su ascenso en la jerarquía política.
Humberto Aldana, por su parte, parece aceptar su «premio de consolación» con miras a catapultarse a San Lázaro, dejando entrever que el interés personal prevalece sobre el compromiso con el pueblo.
Esta situación plantea interrogantes sobre la percepción y la demanda ciudadana de rendición de cuentas y transparencia. La fidelidad a la «marca» de la 4T y el carisma de figuras nacionales han jugado un papel crucial en el apoyo popular hacia ciertos candidatos y partidos. Sin embargo, es imperativo preguntarse si la ciudadanía continuará votando «con los ojos cerrados», confiando en el prestigio de la coalición gobernante sin escrutar a los individuos que la representan en el ámbito local.
Con el último año de AMLO en la presidencia, este ciclo electoral podría representar la última oportunidad para que ciertos personajes sigan beneficiándose de la política como un «modus vivendi». La necesidad de un cambio hacia una política más ética y comprometida con el pueblo nunca ha sido más apremiante. La esperanza radica en que los ciudadanos de Quintana Roo, y de México en general, ejerzan su derecho al voto de manera informada, privilegiando la integridad, la capacidad y el verdadero compromiso social sobre la conveniencia política y el beneficio personal de unos pocos.






















