Por : Gabriel Aarón Macías Zapata
El presidente Andrés Manuel López Obrador ha ubicado su período constitucional en el devenir histórico del país, caracterizándolo como una Cuarta Transformación (4T), en el que distingue varias etapas claves de la historia de México, en las que el país ha experimentado importantes cambios. La primera corresponde a la lucha por la independencia de México, al movimiento armado para liberarse de los 300 años de dominio español, hasta que en 1821 México surge como una nación soberana, al ser reconocida paulatinamente por el resto de los países como tal.
La segunda corresponde a la Reforma, a un proceso en el que los liberales tratan de librar al país de algunos elementos de la herencia colonial, como era el maridaje entre la iglesia y el Estado. Tras este conflicto surgieron las Leyes de Reforma, entre las que destaca la separación de la esfera civil de la eclesiástica. La figura central de este momento histórico es Benito Juárez, el personaje que más admira López Obrador.
La tercera corresponde a la Revolución Mexicana, al conflicto armado contra el régimen de Porfirio Díaz entre 1910 y 1917. En esta ocasión la lucha se concentró en acabar con los privilegios y excesos cometidos por la dictadura porfiriana, sobre todo en la cuantiosa concentración de la tierra en unos cuantos. Algunos de los beneficios sociales logrados por este movimiento quedaron expresados en la Constitución que actualmente rige en México, como fue el impulso de la reforma agraria.
La cuarta transformación correspondería al período actual del presidente, en el que busca lograr un cambio profundo para el país, luego de que fue dominado por los partidos PAN y PRI. A pesar de que hubo alternancia en el poder, a partir de la década de los ochenta del siglo pasado, ambos partidos se esforzaron para implementar el neoliberalismo. En síntesis, AMLO busca revertir los efectos neoliberales como recuperar la soberanía en materia energética, así como retomar la dirección de la economía a través del Estado, atender a los grupos vulnerables, acabar con la corrupción, alcanzar el desarrollo integral del país acabando con la diferencia del Norte desarrollado y el estancamiento del Sur, entre otros.
Sin embargo, al indagar sobre el devenir histórico que han experimentado los mayas de Quintana Roo, encontramos que la etnia ha pasado por varias etapas en las que su suerte ha sido muy diferente a las grandes transformaciones señaladas por el gobierno obradorista. Vale la pena reflexionar sobre estos aspectos, ya que, en un acto celebrado en Tihosuco, el presidente pidió perdón por los agravios cometidos por el Estado nacional durante la Guerra de Castas, en cuyo discurso también involucró al Estado colonial. A final de cuentas, no se trataba solo de pedir perdón, sino de mostrar voluntad para reivindicar social y económicamente a la etnia maya en esta nueva etapa de transformación. Ahora, de acuerdo con las etapas históricas por las que han pasado los indígenas descendientes de los que lucharon en la Guerra de Castas, vale cuestionar: ¿qué debe esperarse en el contexto de esta Cuarta Transformación?
La primera transformación viene aparejada a la irrupción de la conquista española de los cacicazgos de Cochua, Uaymil Chetumal y Ecab, y cuyos efectos se reflejaron en un parcial despoblamiento de la costa oriental, debido a los efectos de la lucha armada y a las reducciones de los indígenas para trasladarlos a las encomiendas del noroeste de Yucatán.
Por esta razón los españoles no pudieron establecer la encomienda en esta región y la ocupación solo pudo arraigarse en Bacalar, poblado que tuvo una precaria existencia durante los tres siglos de dominio colonial. Debido al escaso control que la corona española tuvo en esta región, pronto los mayas encontraron en esta zona un refugio seguro para recuperar su independencia y libertad, alejados de la explotación económica y donde recuperaron sus ritos ancestrales.
La segunda corresponde a la consolidación de esta zona de refugio indígena, lo que se alcanzó en 1847 con el estallido de la Guerra de Castas, y cuyo levantamiento tuvo como causa los efectos del liberalismo del siglo XIX. Esta doctrina económica y social impulsó la desamortización de las tierras comunales de los mayas, así como la homogeneización cultural de los ciudadanos. Ambos aspectos afectaban seriamente a la etnia maya, motivo por el que varios pueblos del oriente se levantaron en armas y, con mayor ímpetu, organizaron una sociedad maya autónoma basada en el culto a la Cruz Parlante. Es de notar que en el transcurso de 50 años de guerra, los mayas sublevados lograron sostener un pleno dominio sobre su territorio y sus recursos, lo que también explica la larga duración del conflicto.
Una tercera etapa se presentó en el período de la posrevolución mexicana. Luego de la derrota de los mayas en 1901, ante la entrada de las concesiones forestales que repartió Porfirio Díaz en el territorio recién conquistado, parecía que los indígenas perderían sus bosques que mantuvieron intacto durante el conflicto. Sin embargo, como producto de la Revolución Mexicana el cardenismo les repartió extensos ejidos forestales y así lograron sostener cierta autonomía.
A pesar de que el neoliberalismo hizo una contrarreforma agraria en 1992, la mayoría de los pueblos mayas se han negado a lotificar sus ejidos, lo que les ha permitido conservar sus tierras. No obstante, desde que el ambientalismo fue arropado por el gobierno federal, el pueblo maya sufrió una especie de expropiación de un amplio territorio rico en recursos naturales, de un poco más de 528 mil hectáreas, y que ahora forma la Reserva de la Biosfera de Sian Ka´an. La ciencia fue capaz de realizar una serie de estudios dirigidos a ubicar una zona representativa de la ecología quintanarroense; rica en biodiversidad, mar y selvas subperennifolias, y que, al final comprendió terrenos de los municipios de Tulum, Felipe Carrillo Puerto y Bacalar. Sin embargo, la ciencia no tomó en cuenta a los pobladores originarios de la región, y ahora se quejan de que no tienen acceso a lo que antes fueron sus tierras.
A eso se agrega la crisis agrícola que sufren años atrás, por la escasez de lluvias y la pérdida de cosechas, además de sufrir una baja en la producción de miel melipona; situación que ha obligado a la mayoría de los jóvenes a emigrar a Cancún para trabajar en el turismo. Los campesinos mayas aún claman por una justa inserción en el desarrollo del estado.
En el marco de la 4T y en la reciente visita que hizo el presidente López Obrador para pedir perdón por los agravios realizados a la etnia maya durante la Guerra de Castas, en su conferencia mañanera un líder maya expuso el tema del territorio relativo a la Reserva de la Biosfera. Habló sobre las dificultades que han tenido para ingresar a lo que era su territorio, a diferencia de algunos propietarios que incluso han construido edificios en donde existe la prohibición de hacerlo.
Durante la ceremonia de la petición del perdón, la oradora que habló de parte de los mayas, propuso la elaboración de un plan de desarrollo para atender las necesidades más apremiantes, mismo que debería plantearse junto con los dignatarios y autoridades tradicionales. Es obvio que se deberán escuchar las voces de los indígenas, pero ya hubo una que expuso ante el presidente que, con fines de explotación turística, se debería permitir a los mayas tomar de nuevo el control del territorio ocupado por la Reserva de la Biosfera. El plan sería el siguiente: para no arrasar con la ecología del lugar, el desarrollo hotelero se construiría en la cabecera municipal de Felipe Carrillo Puerto, y de ahí se partiría para realizar visitas guiadas a la zona ecológica.
Seguramente habrá otras voces con otros proyectos de diversa índole. El gobierno de la 4T ha sostenido como principio que ha llegado la hora de atender primero a los de abajo; pues entonces deberá de escuchar y adoptar como suyo los proyectos de desarrollo que vienen desde abajo. De lograr lo anterior, entonces se habrá concretado una cuarta transformación entre los mayas.





















