El 5 de mayo de 1898 fue fundada la ciudad de Chetumal, hoy capital del Estado libre y soberano de Quintana Roo, desde siempre Chetumal ha sido una ciudad tranquila en la que convergen los tres poderes del Gobierno que, dicho sea de paso, poco han hecho en los últimos 18 años por la ciudad y ni qué decir de sus comunidades.

El 9 de enero del recién estrenado 2022 los chetumaleños nos despertamos con algo que prácticamente ya deberíamos estar acostumbrados, otra mala obra o proyecto gubernamental que en el tintero y en los renders se veía muy prometedora, pero que ha generado una serie de inconformidades por la tala de árboles del Bulevar.
Si bien el bulevar representa para el chetumaleño uno de los atractivos más importantes e icónicos de la capital, el mismo chetumaleño (en su mayoría) lo descuida y lo ensucia con latas de cerveza, basura y cualquier desperdició ajeno a la zona natural a la que pertenece. Luego entonces, si la propia sociedad chetumaleña no respeta el bulevar y menos entre ella misma, ¿por qué habría el gobierno y las autoridades respetar al chetumaleño y a la capital del Estado?
Desde el sexenio de Joaquín Hendricks, chetumaleño y último gobernador de la zona sur, la capital y su sociedad fue dejada de lado para darle paso a la “nueva” clase política de la zona norte de la entidad que ha gobernado en los últimos tres sexenios y que desde entonces poco o nada ha hecho por ver reflejado ese estado pujante, joven y fuerte en la capital.
Lo cierto es, que Chetumal hace mucho tiempo que dejó de ser la capital de Quintana Roo, no sólo para los gobernantes sino también para aquellos que radican en la ciudad y que han caído en el conformismo de ser la clase trabajadora de la administración pública que para no perder sus mal pagados empleos se autocensuran, aceptan a cualquier gobernante y aplauden cualquier desatino del gobierno en turno.
El chetumaleño es conformista, es conformista cuando reparan una calle y otra dependencia de la misma administración pública la destruye por otro “proyecto” y ni se inmuta pese a la situación económica y falta de empleo. Es conformista cuando le imponen políticos que sólo conocen en el patío de su casa y vota por ellos sin reflexionar o analizar su decisión.
Ahora vienen tiempos electorales y los políticos saben que Chetumal sólo representa la capital de los tres poderes de gobierno, sólo un trámite para la gubernatura. Porque prometer no empobrece y desde hace mucho tiempo el chetumaleño dejó de exigir resultados para conformarse con ser el “capitalino”.
Aunque en la zona norte hay más votantes, es la zona sur la que más ejerce el voto y que, al menos en la última elección, le dio el triunfo al actual gobernador. Para los políticos será muy fácil convencer de nueva cuenta al chetumaleño que no tiene visión y que se conformará con lo que sea, harán leña del árbol caído porque “Chetumal, de buena madera”.





















