Por Salvador Pérez Hernández
Bacalar. “Ganamos, ahora sí nos toca gobernar”, comenta un campesino en voz baja y solemne después de contemplar los resultados electorales pegados en la puerta del aula de la escuela primaria de la comunidad de Reforma. Días después de la elección se ven nutridos grupos de “militantes” de la coalición ganadora, discuten acaloradamente el futuro del estado, con un sentido de seria responsabilidad, sobre los pasos que se darán para cumplir las promesas de campaña, sobre la obtención de recursos para mejorar la calidad de vida, sobre el futuro de la deuda estatal, la reducción de gasto corriente, la relación del estado con la federación y la relación del ejecutivo con los otros poderes; el legislativo y el judicial.
Como se recordará el pasado 5 de junio, la alianza UNE (Una Nueva Esperanza) conformada por los Partidos; Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), obtuvieron un triunfo contundente sobre la Alianza “Somos Quintana Roo” conformada por los partidos; Nueva Alianza (PANAL), Revolucionario Institucional (PRI) y Verde Ecologista Mexicano (PVEM) superándose con más de 40 mil votos, triunfó en el que destacó la participación mayoritaria de la población chetumaleña.
Por otra parte la alianza “Somos Quintana Roo” obtuvo el triunfo de 8 Ayuntamientos y una mayoría simple en el Congreso del Estado, y cómo se sabe el Poder Judicial por ser independiente de los otros poderes sigue incólume, lo que habría que preguntarse es; ¿Por qué estos resultados tan desfavorables al partido gobernante?, y ¿Tendrá los medios el gobernante que triunfó en las urnas para cumplirle al electorado las promesas de campaña?
Los motivos para un voto de castigo hacia el partido gobernante es una reacción a acciones de efectuadas por el ejecutivo; como el adelgazamiento de la nómina; con el despido de más de 5 mil trabajadores de confianza bajo el esquema de “Reingeniería Administrativa”, recorte el salario de la mayoría de los trabajadores de confianza, deterioro de la ciudad capital, instalación de vallas metálicas en los eventos de gobierno, incremento de la deuda pública estatal a más de 22 mil millones de pesos, incremento de la inseguridad e incremento de la crisis económica.
En el día de la libertad de expresión la plática de rigor de los chetumaleños, ya sea en los cafés o en convivios familiares, fue sobre el futuro que espera al Gobierno que se instalará el 25 de septiembre, sobre todo en lo relacionado con la economía del sur de Quintana Roo, ¿Cómo se obtendrán los recursos para realizar acciones que detonen la deprimida economía de los Chetumaleños?, ¿Se incrementarán los sueldos de los trabajadores de confianza de nivel bajo?, ¿Se reducirán los sueldos millonarios de los niveles de Secretarios, Directores Generales y Directores?, ¿Habrá una relación cordial con el Gobierno Federal y el Congreso del Estado que facilite la gobernabilidad?
Se nota excitación en la voz de los ciudadanos, muchos de ellos empleados en la administración pública actual, ex empleados y jubilados, quienes comentan, ya ganamos, ahora nos toca gobernar, y ahora brilla más el sol, pero cómo le haremos para que se cumplan las promesas de campaña, dándole vueltas a esta interrogantes y tratando de responderlas acertadamente, con la seriedad que este caso amerita.





















