Pepe Irabién, un chetumaleño de raíces profundas, casi casi del grupo que recibió al pontón y al teniente Othón P. Blanco en el muelle Nachi-Cocom, banderita en mano, con shorcito y camiseta pirata… jajaja, es broma, no tiene tantos años.
Lo que sí tiene don Pepe es una trayectoria política sólida y una experiencia que se respira a kilómetros. Fue asesor jurídico del Estado, secretario de Gobierno en dos ocasiones, presidente municipal de Cancún y alcalde de Tláhuac en la Ciudad de México. Un hombre de palabra y un paisano profundamente rico… pero rico en amistades, que es la mejor riqueza de todas.
Pepe, de niño, vivió el Chetumal previo al huracán Janet; un Chetumal de tradiciones, calles serenas y juegos de chamacos. Conoció el sonido de las olas que golpeaban las águilas de la Explanada, la brisa que llegaba directo a la ventana de la casa familiar —frente a la bahía— y el arrullo de la lluvia cayendo sobre las láminas de zinc del techo. Creció entre baleros, trompos, tardes largas y un hogar donde la identidad chetumaleña se respiraba sin esfuerzo.
Hoy, don José Irabien Medina es notario público, analista político, lector apasionado, conocedor de arte, jurisconsulto y un operador político que entiende, como pocos, el desarrollo y la problemática del estado que lo vio nacer.
En la foto ilustrativa aparece don Mario Irabien pedaleando su bicicleta Raleigh, llevando en el cuadro y la parrilla a sus hijos Ana Mari y José Neyif, rumbo al negocio familiar. Y claro, siendo niños, los hermanitos Irabién se frotaban las manos porque sabían que, al llegar, “atacarían” las vitrinas de chocolates y golosinas que su papá exhibía en la legendaria tienda El Paso, de la cual él fue su primer propietario.
Vaya hasta aquí un saludo fraterno y nuestras más sinceras felicitaciones para el licenciado José Irabien Medina en su cumpleaños.






















