Por Victoria Castro Chávez
Chetumal, Quintana Roo. — Con el argumento de «consolidar el desarrollo integral del sector pecuario«, la Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca (Sedarpe) anunció la entrega de apoyos del Programa Fomento Ganadero por un monto de 4.5 millones de pesos. Sin embargo, lo que debió ser un acto de cercanía con las familias rurales terminó exhibiendo una marcada falta de sensibilidad y criterio logístico por parte de las autoridades de la dependencia.
A pesar de que la narrativa oficial enmarca la entrega dentro de la «administración humanista» y el Nuevo Acuerdo por el Bienestar, los titulares de la Sedarpe optaron por convocar a las y los productores ganaderos a las oficinas centrales de la Dependencia ubicada en el cruce de las avenidas Venustiano Carranza y Belice, en pleno centro de la ciudad.
En lugar de que una pequeña comitiva de funcionarios se desplazará hacia alguna comunidad o poblado rural para hacer la entrega en el entorno real donde se trabaja el campo, se obligó a decenas de productores a trasladarse hasta la capital para concentrarse en un salón con aire acondicionado.
Esta decisión deja una mala imagen tanto para el titular de la dependencia, Jorge Aguilar Osorio, como para el subsecretario de Ganadería, Orlando Emir Bellos Tun, ambos con formación académica en leyes y con nula experiencia en el campo en el caso de Aguilar Osorio. En la práctica, resulta contradictorio hablar de un gobierno cercano y de «dignificar la labor cotidiana en el campo» cuando los funcionarios prefieren la comodidad institucional por encima de la empatía con el productor, haciéndoles gastar tiempo y recursos para trasladarse a la ciudad solo para cumplir con la foto oficial.
Durante el protocolo, Aguilar Osorio destacó que la inversión beneficiará a 50 asociaciones ganaderas en todo el estado mediante la entrega de kits apícolas, ordeñadoras, extractores de miel, monturas y alimento para porcinos y equinos. No obstante, el contraste entre el discurso de austeridad y territorio contra la realidad de la convocatoria en oficinas céntricas dejó un amargo sabor de boca entre la comunidad rural, que sigue esperando que las autoridades pisen la tierra y sientan el calor de los poblados que dicen representar.






















